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ISSN 2195-3171





Göttinger Predigten im Internet hg. von U. Nembach

2° Domingo de Adviento, 07.12.2008

Sermón sobre Isaías 40:1-11, por Eugenio Albrecht

 

Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice vuestro Dios. Hablad al corazón de Jerusalén y decidle a voces que su lucha ha terminado, que su iniquidad ha sido quitada, que ha recibido de la mano del SEÑOR el doble por todos sus pecados.
Una voz clama: Preparad en el desierto camino al SEÑOR; allanad en la soledad calzada para nuestro Dios.
Todo valle sea elevado, y bajado todo monte y collado; vuélvase llano el terreno escabroso, y lo abrupto, ancho valle.
Entonces será revelada la gloria del SEÑOR,y toda carne a una la verá, pues la boca del SEÑOR ha hablado.
Una voz dijo: Clama. Entonces él respondió: ¿Qué he de clamar? Toda carne es hierba, y todo su esplendor es como flor del campo. Sécase la hierba, marchítase la flor cuando el aliento del SEÑOR sopla sobre ella; en verdad el pueblo es hierba.

Sécase la hierba, marchítase la flor, mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.

Súbete a un alto monte,oh Sion, portador de buenas nuevas; levanta con fuerza tu voz, oh Jerusalén, portadora de buenas nuevas; levántala, no temas.

Di a las ciudades de Judá: Aquí está vuestro Dios. He aquí, el Señor DIOS vendrá con poder, y su brazo gobernará por El. He aquí, con El está su galardón, y delante de El su recompensa Como pastor apacentará su rebaño, en su brazo recogerá los corderos, y en su seno los llevará; guiará con cuidado a las recién paridas

Hace tres años se desarrolló el campamento juvenil amplio de toda nuestra iglesia (los llamados IERPinos), en el que participan cerca de 300 jóvenes de Argentina, Uruguay y Paraguay. Junto con un pastor amigo éramos los encargados de la temática. Con el pasar de los días y cuando gran parte de los jóvenes ya se conocía, decidimos desarrollar una dinámica a través de la cual invitábamos al grupo a caminar por el amplio parque con el que contábamos en ese lugar. El detalle es que el encuentro se desarrolló en el mes de enero en la provincia de Misiones, zona húmeda y subtropical. De ese modo el calor se hacía notar y se sentía en el cuerpo.

La caminata comenzó tranquila y cada tanto parábamos para cantar. Así lo hicimos durante unos cuantos minutos. Pero de a poco el calor se empezó a notar y las quejas comenzaron a escucharse. Al final la mayoría seguía caminando porque creían que debían hacerlo, que estaban obligados por la dinámica.

Así, quisimos que el grupo experimente la sensación de estar en un desierto, teniendo que seguir a pesar de no estar bien y no saber por qué debían hacer todo lo que hacían. Esto despertó quejas, enojos, gente que quiso volver a la sombra, desconfianza, entre otras cosas. Luego pudimos hablar sobre las situaciones de la vida que los jóvenes sentían como un desierto y el maná que les ayuda a seguir adelante.

Así era la sensación del pueblo de Israel, a quién el profeta Isaías le proclamó estas palabras. Fue hace unos 2500 años, unos 500 años antes de Cristo. Ellos estaban en el exilio de Babilonia, oprimidos y explotados. Se sentían en un desierto, del que no veían la manera de salir. Entonces el profeta los llamó a través de las palabras que hemos compartido en este día. Lo que quiso hacer fue alentar a su gente, para que pueda mantener viva la esperanza y para que puedan poner su confianza en Dios, más allá de todo.

Nosotros también necesitamos recordar lo que aparece en el versículo 11 de nuestro texto: Dios nos pastorea, nos levanta como corderos junto a sus brazos, los lleva junto al pecho, atiende con cuidado a las recién paridas. Necesitamos recordar esta imagen del Dios pastor y cariñoso tutor que tenemos a nuestro lado. Así como ese pueblo necesitó que alguien les recuerde que hay un futuro mejor, necesitamos recordar que Dios es nuestro pastor.

La expresión que utiliza Isaías para alentar al pueblo comienza diciendo: "consuelen, consuelen a mi pueblo... la esclavitud se ha terminado. Esta invitando a que los unos consuelen y alienten a los otros, porque un futuro mejor está llegando. Eso es el Adviento: la seguridad de que en el futuro hay algo mejor (que llega en la Navidad con el nacimiento de Jesús). Más allá de que en ese momento el profeta sabía que no todo el dolor estaba llegando a su fin, él llamaba a mirar el horizonte con confianza. Entonces el maná para ellos en ese momento estaba en el consuelo del otro y en la esperanza de un mañana mejor.

Isaías habla de ese modo, no porque sabía con seguridad que la esclavitud llegaba a su fin, sino para alentar a sus hermanos a seguir adelante. Es una clara idea de que hay que mirar el futuro con ánimo y no con resignación.

Quiere decir que tarde o temprano, la victoria va a ser de Dios. Es lo que el profeta quiso decir y que se lo entienda a pesar del exilio y el desierto que debían sobrellevar.

El pueblo esperaba un poderoso liberador que los sacara de un plumazo de allí, pero el profeta los invitó a consolarse y animarse los unos a los otros. Si podemos hacer esto, daremos testimonio de que el verdadero poder de Dios está en esas actitudes: en el consuelo y en el ánimo, en el darse ánimo. Eso genera esperanza y muestra un horizonte mejor para la vida.

Además, el poder de Dios no aplasta, sino que pastorea, guía, orienta, acompaña. Muchas veces nos utiliza a nosotros en esas tareas. Ese es el verdadero poder de Dios.

Ahora estamos en pleno adviento. Vale la pena pensar ¿cuándo nosotros nos sentimos en el desierto, sin esperanza, sin horizonte?. En esos momentos ¿de dónde sacamos las fuerzas? ¿Quién nos da el maná para sobrevivir? ¿Qué cosas son un maná para nosotros? ¿Quiénes son maná en nuestras vidas?.

Estando en el exilio, viviendo un profundo dolor y sumidos en la desesperación de no saber cómo seguir, Isaías invitó a sus hermanos a poner la esperanza en Dios.

¿Dónde ponemos nosotros nuestras esperanzas en este adviento?

 



Pastor Eugenio Albrecht
de la IERP
Villa Gral Belgrano, Córdoba - Argentina

E-Mail: eugenio@compartirdesafios.org.ar

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