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ISSN 2195-3171





Göttinger Predigten im Internet hg. von U. Nembach

Lunes de Pascua, 01.04.2013

Sermón sobre Isaías 25:8-9, por Jorge Weishein

 

"Destruirá la Muerte para siempre; el Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros, y borrará sobre toda la tierra el oprobio de su pueblo, porque lo ha dicho él, el Señor. Y se dirá en aquel día: «Ahí está nuestro Dios, de quien esperábamos la salvación: es el Señor, en quien nosotros esperábamos; ¡alegrémonos y regocijémonos de su salvación!».

Dios, el Señor, nos sostenga en la esperanza contra toda esperanza, ahora y siempre. Amén.

"En el momento uno no se lo hubiera imaginado jamás" "¡Y, yo que iba a saber!" "¡Lo veo y todavía no lo creo!" En la vida siempre hay situaciones que a uno lo toman por sorpresa. Ahora bien, ¿por qué? No es una cuestión de planificación, necesariamente, porque hay cosas que uno no las puede planificar. La vida tiene una dinámica propia que nos excede. La cuestión de fondo es con cuánta esperanza uno vive la vida, con qué tipo de expectativas uno se enfrenta a la vida, con qué tipo de intereses uno se pone al frente de la vida, cómo y por qué uno se toma las cosas que uno vive de una manera u otra...

Hay situaciones que son demoledoras y devastadoras porque nos tocan físicamente, nos tocan afectivamente y nos derrumban la moral: Una enfermedad terminal que no sólo termina con nosotros sino con las fuerzas de nuestra familia; una realidad social que nos defrauda de tal manera que ya no le vemos ningún sentido el seguir con nuestro negocio; una relación de pareja que nos decepciona de tal manera que no queremos volver a amar nunca más en la vida, y cuántas situaciones como estas.

Las cosas siempre pueden salir mal y hasta pueden ser mucho peor de lo que uno es capaz de imaginarse. La maldad supera ampliamente nuestra capacidad de hacer el bien. Si uno mira esta lucha desde un enfoque material esta es una batalla perdida. Nosotros no podemos hacer nada para evitar más muertes, ni para evitar más injusticias, ni para evitar mayores desastres de cualquier tipo que sea. Todo lo malo que pasa y que conlleva a la muerte de una o millones de personas son siempre fatalidades que por más que intentemos lo que sea siempre nos supera y pareciera que la muerte nos gana por goleada. Viendo la realidad desde este enfoque material debo decir que las personas fatalistas, depresivas y realistas tienen razones concretas para no creer en el bien.

Ahora bien, ¿qué hago yo predicando en pascua que la gente tiene razón al no tener esperanza? No estoy diciendo esto. Cuidado. Veamos dos cosas: yo digo que para quien ve la realidad solamente desde una perspectiva material y que se basa solamente en los hechos y que acepta que la ley de la vida es la muerte, obviamente, llega a la conclusión que la vida no tiene mucho sentido, así que, una de dos, o se plantea: vivamos rápido la vida loca antes de que se termine, o bien, muramos lo más pronto posible que esto tampoco es vida.

Si vemos la vida con un microscopio algo que se ve con claridad son las limitaciones pero si uno ve la vida con binoculares lo que queda claro es el contexto. Sin embargo, uno puede mirar con un microscopio para buscar las alternativas y mirar el contexto para ver las amenazas. Como dice el refrán: todo depende de cómo se mire. En este sentido, la fe en Dios tiene esa propiedad particular de resaltar en flúor las alternativas y los obstáculos a superar como también las fortalezas y debilidades que hay que tener en cuenta. Esto es algo que queda bien claro al leer a Isaías.

Leer Isaías es una aventura por la historia de fe del pueblo de Israel. Isaías refleja cómo impacta en la fe del pueblo todo lo que está pasando a nivel social, económico, político y religioso. Toda la realidad está siendo revisada por Isaías que le muestra a la gente lo que ve con toda crudeza. Cuando tiene que decir que la soberbia del pueblo los está llevando a la destrucción lo dice y no le importa nada. Cuando tiene que decir que algunos se están enriqueciendo a costa de debilitar la unidad del pueblo y terminar presos en manos de los enemigos, se lo dice y quien se tenga que poner el saco, que se lo ponga. Así también, cuando tiene que anunciar la esperanza de que solamente la fidelidad a Dios ofrece la salida que todos están buscando, lo dice con todas las letras y quien quiera escuchar que escuche.

Isaías promete que Dios va a destruir la muerte para siempre y que Dios va a secar las lágrimas de los ojos de quienes lloran esas muertes injustas. La muerte viene de la mano de gente concreta, la muerte es un ejército poderoso, la muerte es una forma de gobernar que destruye, la muerte es una relación de trabajo que mata a la gente que trabaja. La muerte no es una sombra que sobrevuela como un fantasma entre el pueblo, las casas y la gente. La muerte tiene una forma concreta. La muerte está encarnada en una estructura, en una forma, en un poder, en una herramienta. Dios va a destruir todo ese material que está al servicio de la muerte.

Todo eso material que está al servicio de la muerte fue durante siglos el sustento de la vida del pueblo, pero un grupo de poderosos se lo ha apropiado para ponerlo solamente a su servicio. Esto no va a quedar sin ser juzgado por Dios. Todo ese dolor a causa de toda la violencia, la injusticia y la muerte causadas para apropiarse de todos esos bienes del pueblo no va a quedar sin recibir consuelo. Dios mismo va a secar sus lágrimas. Pero Dios tampoco es una brisa que recorre todos los rincones purificando y renovando el aire de cada lugar. Así como Dios mostró su justicia con la conquista de Jerusalén, la distribución de las tierras entre los pobres y el castigo de los ricos, así también Dios se hizo hombre en la persona de Jesucristo, de forma concreta y visible, para toda la humanidad.

Gracias a Jesucristo, con su muerte y resurrección, ya no hay razones para tener miedo a la muerte. Esta realidad en el mundo ahora está quebrada, debilitada, vencida. El amor de Dios ha ganado la batalla. De ahora en más solamente queda la historia de salvación por vivir. Esto nos permite compartir plenamente la confianza y la alegría del profeta: «Ahí está nuestro Dios, de quien esperábamos la salvación: es el Señor, en quien nosotros esperábamos; ¡alegrémonos y regocijémonos de su salvación!». Amén.



Jorge Weishein
Buenos Aires
E-Mail: jorge.weishein@ceaba.org.ar

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