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ISSN 2195-3171





Göttinger Predigten im Internet hg. von U. Nembach

7. Domingo después de Pentecostés, 07.07.2013

Sermón sobre Isaías 42:14;66,10-14, por David Manzanas Pelegrina

Hace unos días, recibí esta foto. Me encantó. Me hizo retroceder treinta años, cuando eran mis hijos los que ponían esas caras con expresión de felicidad plena, de confianza y gratitud. ¿Os habéis dado cuenta de cómo mira ese bebé a su madre? Es una mirada cómplice, de las que solo se dan cuando hay una comunicación sin necesidad de palabras, sin necesidad de argumentos ni explicaciones. ¿Os habéis fijado en esa sonrisa? Está diciendo "Sé que me quieres y estoy contenta/o. Sé que me amas y estoy tranquilo/a. Confío en ti". Y los lazos que se están cimentando en esos momentos entre madre y criatura nunca se romperán.

Por cierto, ¿alguien sería capaz de decir si se trata de un bebé chico o chica? A lo mejor acierta, pero sería por casualidad. Nada permite decir que esa expresión, ese sentimiento sea masculino o femenino. Hay realidades que no se sujetan a los conceptos de género, que no son masculinas (propias de hombres por el hecho de serlo) o femeninas (propias de mujeres por el hecho de serlo). Pero esto que parece claro cando miramos la cara del bebé mirando y sonriendo a su madre, no parece tan claro cuando nos referimos a Dios. Nos hemos criado (hemos sido educados) en el concepto de que Dios es una realidad masculina; en otras palabras, que es hombre y, por lo tanto, con su carácter de hombre y sus sentimientos de hombre. Aparentemente es evidente que Dios no es ni padre ni madre, ni hombre ni mujer, ni masculino ni femenino...pero, a costa de hablar de Él en términos masculinos, hemos terminando proyectando una imagen masculina de Dios. Y así, a lo largo de la historia, esta imagen ha ido alejando de sí cualquier otra visión o comprensión. Hemos seguimos invocando nombres e imágenes masculinas de Dios, como las del Dios guerrero, el Dios rey, el Dios vengador, consagradas durante milenios, apuntalando un modelo social donde la fuerza y la ira son valores ensalzados, y la violencia es el medio justo para imponer (otra imagen de fuerza) la justicia.

Como anécdota, contaré que un domingo, a lo largo del culto, se habló del carácter materno de Dios, y se mencionó a Dios como Padre-Madre del ser humano. Al final del culto, uno de los congregantes (pastor jubilado) me llamó a un aparte para decirme que, por prudencia, se había mantenido callado, pero que tuviera en cuenta la naturaleza herética de atribuir a Dios atributos femeninos, y la responsabilidad de difundir doctrinas contra la Palabra de Dios, donde está "claro y diáfano que Dios es masculino desde el principio de los tiempos y por la eternidad".

Pero nos equivocaríamos si afirmáramos que esa imagen ES la imagen de Dios que da la Biblia. También hay imágenes femeninas de Dios, imágenes en las que Dios adopta figura de mujer y se revela como ELLA. El profeta Isaías es especialmente fecundo en las imágenes femeninas de Dios. Apuntaré, a modo de muestra, solamente tres pasajes:

Isaías 42:14: «El Señor dice: "Por mucho tiempo me quedé callado, guardé silencio y me contuve; pero ahora voy a gritar como mujer de parto, gimiendo y suspirando."»

Isaías 46:3-4: «Oídme, descendientes de Jacob, todos los que quedáis del pueblo de Israel: Yo he cargado con vosotros desde antes que nacierais. Os he llevado en brazos, y seguiré siendo el mismo cuando seáis viejos. Cuando tengáis canas, todavía os sostendré. Yo os hice, y seguiré  cargando con vosotros; os sostendré y os salvaré.» (la versión RV95 lo expresa más gráficamente: «...los que yo he traído desde el vientre, los que habéis sido llevados desde la matriz»)

Isaías 66:13: «Como una madre consuela a su hijo, así os consolaré yo, y encontraréis el consuelo en Jerusalén.»

No se trata, solamente, de una manera de hablar o expresarse, detrás hay toda una comprensión y una manera de entender a Dios y a su creación. En otras palabras, no basta con cambios lingüísticos o semánticos, diciendo MADRE donde la tradición dice PADRE, o refiriéndonos a Dios como ELLA en lugar de hacerlo como ÉL. De ser así, simplemente habríamos dado la vuelta a la tortilla, pero, la tortilla sería la misma. Hemos de aprender a no dar el salto de convertir la metáfora (Dios es Padre / Dios es Madre, o Dios es Amor, o es Justicia) en una descripción del ser de Dios. Mientras lo hagamos así estaremos idolatrando a Dios, convirtiéndolo en un ídolo a "nuestra imagen y semejanza", justo lo contrario de lo que nos relata la Escritura en relación a la Creación («Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.»)

El teólogo protestante Jürgen Moltmann afirma en una de sus obras: "la adoración religiosa de Dios como  Padre y Señor ha legitimado tanto la autoridad paterna en la familia y el estado, como la de los sacerdotes varones en la religión". Y es que, pasar de "Dios es varón" a "el varón es Dios" es más fácil de lo que pudiera parecer. Y eso tiene consecuencias, algunas de ellas dramáticas. Según el Blog "Violencia de Género 2013" (http://blog.corcases.com/violencia-de-genero-2013/) hasta el día 30 de junio se habían producido, en España, un total de 27 víctimas mortales confirmadas y 13 víctimas mortales en investigación policial, a la espera de poder confirmarla como víctimas de "Violencia de Género". 40 mujeres muertas en 6 meses, a manos de quienes se pensaban a sí mismos "como Dios" y que, por lo tanto, podían disponer de las vidas de quienes están para pertenecerles y obedecerles.

¿Estamos ante un callejón sin salida? ¿No podemos nombrar a Dios sin caer en la peligrosa idolización? No, no estamos en un callejón sin salida. La respuesta se nos ofrece en la foto de partida, en esa mirada y en esa sonrisa. Nos hablan no ya de la descripción del ser de Dios, sino de nuestra relación con Dios. Dios como poder creacional, con la fuerza del "sea hecho", con el esfuerzo del parto; Dios como poder relacional, que ama a su criatura y la salva y la sana; que establece con su creación relaciones de felicidad, de justicia, de bienestar; que despierta en toda su creación sentimientos de confianza y de dependencia liberadora. Dios no como ídolo a reverenciar, sino como MADRE-PADRE que me ama y en quien aprendo a confiar.

Que Dios nos guarde y continúe alimentándonos, protegiéndonos y cuidándonos, haciéndonos criaturas libres. Nada hay más liberador y al tiempo más vinculante y dependiente que el amor. El amor que nos hace libres.

Amén.

 



Pastor David Manzanas Pelegrina
de la IEE en Alicante

E-Mail: davidmanzanas@gmail.com]

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