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ISSN 2195-3171





Göttinger Predigten im Internet hg. von U. Nembach

10ş Domingo después de la Trinidad, 04.08.2013

Sermón sobre Eclesiastés 1:2. 2, 18-26, por Cristina Inogés Sanz

 

 

To throw gold dust in the wind and trying to recover. Is it possible?


Ayer por la noche se produjo un accidente ferroviario en mi país, España. Uno de los accidentes más graves de las últimas décadas. 80 fallecidos y muchísimos heridos, algunos muy graves lo que hace pensar que puede aumentar la lista de fallecidos.

Iban a Santiago de Compostela cuya festividad se celebra, precisamente, hoy, día 25 de julio, cuando escribo esta reflexión. En su inmensa mayoría querían celebrar la fiesta con sus familias y amigos.

Vidas truncadas, familias deshechas, sueños ya imposibles de realizar y disfrutar. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene este desastre? No lo sabemos, lo único que alcanzamos a comprender es el dolor y la desesperación de los supervivientes y de las familias de los fallecidos.

No hay palabras de consuelo. La fe ayuda pero no quita el dolor. Queda que la esperanza, poco a poco, vaya abriendo hueco en el sufrimiento y sea el bálsamo que haga que las heridas del alma se transformen en cicatrices. Lento proceso...

Viendo este panorama cabría pensar ¿y para esto nos vamos a dar mal en la vida? ¿Merece la pena algo en esta vida?

Sí, indudablemente sí. El escepticismo del autor de Eclesiastés podría parecer que nos invita a no hacer nada ¿para qué? otros se aprovecharán de cuánto hagamos.

Pero no es así. La vida es mucho más que sufrimiento. Es trabajar y compartir; es amar y ser amado; es tener esperanza; es vivir saliendo de uno mismo.

Lo malo está en pretender ser el centro de todo, creer que somos los artífices de todo, creer que lo podemos todo y que con nosotros empieza y termina todo. Es como intentar vivir lanzando polvo de oro al viento y pretender recuperarlo con las manos. Es imposible.

Por eso hemos de vivir la vida no haciendo sumas de desgracias, sino asumiéndolas como vienen, cuando vienen.

Eclesiastés lo que nos dice es que nos ‘ocupemos' de la vida, no que nos ‘preocupemos' de la vida. Como dice una migo mío, se trata de poner vida a los años, no sólo años a la vida. Es necesario llenarla de sanos contenidos sin convertirlos en los dioses nuestros de cada día.

En el fondo se trata de hacer un buen uso de nuestra libertad, me atrevería a decir que se trata de hacer uso del sentido común.

La clave está en vivir ‘bajo el sol' sabiendo que aquello que vivamos en esa realidad tiene y alcanza su sentido ‘sobre el sol'. Poética manera tiene Eclesiastés de hablar de la trascendencia.

Hagamos lo que hagamos, incluso si consiguiéramos recoger con las manos todo el polvo de oro lanzado al aire, todo adquiere sentido si somos conscientes que lo hacemos guiados por Dios y para Dios. Y cuando digo para Dios, digo para los demás.

No hay sentido en trabajar si ese trabajo, ese esfuerzo, lo único que busca es una recompensa personal. Dios no nos hizo seres solitarios. Él mismo no es un ser solitario.

¿Por qué empeñarnos en vivir solitarios ‘bajo el sol'?




Pa. Cristina Inogés Sanz
Zaragoza (Espańa)
E-Mail: crisinog@telefonica.net

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