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ISSN 2195-3171





Göttinger Predigten im Internet hg. von U. Nembach

11ş Domingo después de la Trinidad, 11.08.2013

Sermón sobre Isaías 26:1-9, por Cristina Inogés Sanz




Abrid las puertas para que entre un pueblo justo,

que observa la lealtad;

su ánimo está firme

y mantiene la paz

porque confía en ti (v2).

[...]

Doblegó a los habitantes de la altura,

a la ciudad elevada;

la abatirá, la abatirá hasta el suelo,

hasta tocar el polvo (v5).


En mi país, España, cuando queremos advertir a alguien que tenga cuidado porque su actitud está envuelta en soberbia, solemos decir: "cuida, que castillos más altos han caído".

Este texto, de forma más poética, me recuerda a este dicho. Y no sólo en un sentido general, más bien me hace pensar en un sentido personal.

¿Confío plenamente en Dios? ¿Mi ‘roca' es Alguien o es algo? ¿Soy capaz de vivir aquello en lo que creo o más bien creo pero no vivo?

No me gusta responder por nadie. Dejo ahí las preguntas.

El profeta presenta dos ciudades contrapuestas. La ciudad rebelde y la ciudad santa. Volvamos al comportamiento personal y podríamos decir que el profeta invita a una reflexión entre actitud altanera de la soberbia y la humildad y la fidelidad.

En el fondo es el eterno problema de la libertad. El pueblo, es decir, cada uno de nosotros da gracias a Dios por los dones de Él recibidos pero lo difícil llega después. Sólo Dios puede ser la roca en la que la libertad sea firme.

Caminar por el sendero justo puede suponer no ser comprendido por quienes lo desconocen. Nuestro deseo de hacer realidad el Reino, de hacer una sociedad más justa pero no con los argumentos que normalmente escuchamos hoy en día, puede tropezar con la incomprensión de nuestros semejantes no conocedores del mensaje del profeta ni del mensaje de Jesús.

En muchas ocasiones mantener esta actitud de ‘andar por el sendero justo', requerirá por nuestra parte perder el miedo escénico porque iremos contracorriente aunque no contra el sentido común.

Nuestra libertad al optar por el sendero justo no nos garantiza no tropezar. Bien es verdad que Dios no pone obstáculos a idea, pero también es verdad que no nos los quita por arte de magia. A Dios no le gusta que suframos, le gusta que le amemos y más si nuestro amor le llega a través de aquello que hacemos a nuestro prójimo.

Si nuestro caminar es un caminar sobre las huellas de Jesús, veremos que Jesús nunca caminó solo. ¡Merece la pena vivir y caminar y cansarse! ¡Qué aburrida sería la vida si todo nos viniera dado! El esfuerzo, poner en marcha la imaginación y la creatividad, caminar por el sendero justo sin miedo a la libertad, ¿se puede pedir más?

Sinceramente creo que no. Si a todo esto añadimos la humildad de sentirnos necesitados de la compasión de Dios, de sabernos necesitados de sus juicios que son luz de la tierra (v 9), será muy difícil que alguien pueda decirnos: "cuida, que castillos más altos han caído".




Pa. Cristina Inogés Sanz
Zaragoza (Espańa)
E-Mail: crisinog@telefonica.net

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