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ISSN 2195-3171





Göttinger Predigten im Internet hg. von U. Nembach

14ş Domingo después de la Trinidad, 25.08.2013

Sermón sobre Isaías 66:18-21, por Cristina Inogés Sanz


The prophet tell us that God's message is for all nations

Algunas veces pensamos que el Antiguo Testamento es una cosa y el Nuevo Testamento otra. Parece como si el AT mirara sólo para Israel y el NT fuera más ‘universal'.

Este texto de Isaías muestra que esta visión, caso de tenerla, es muy parcial. El profeta nos muestra que el mensaje se abre al mundo, a las naciones, a los pueblos...

Si hay una palabra que llama mi atención es el verbo ‘reunir' (v 18). Pero reunir ¿para qué? No se trata de una reunión tipo encuentro celebrativo de amigos, se trata de una reunión para confirmar la gloria del Señor, y, lo más importante, salir de nuevo para comunicar esa gloria, para llevar el mensaje enviados por el Señor mismo.

¿Vivimos este mismo espíritu de reunión para la misión cada semana en nuestros encuentros en el templo? Verdaderamente si nos dejamos interpelar deberíamos sentirnos animados ya que es un texto clamoroso y abierto. Invita a vivirlo en profundidad sin exclusiones. Evidentemente el autor del texto no tendría en mente un espíritu ecuménico en aquella época, pero bien es cierto que este espíritu está presente en el mismo.

Todos somos convocados, no todos podremos hacer realidad aquello para lo que hemos sido convocados pero los que puedan hacerlo serán enviados a la misión. Dios invita a todos y nos hace a todos partícipes de su misericordia como más tarde nos dirá Pablo cuando afirme que ya no hay diferencia entre esclavo y libre, varón o mujer... No sólo somos hijos de Dios. Somos, también herederos de la promesa.

Resulta curioso cómo se afana el profeta en describir los medios de transporte de la época. Nosotros ni siquiera tendríamos que hacer el esfuerzo de la concentración física. Es verdad que nuestros medios de transporte han mejorado muchísimo pero nuestros medios de comunicación nos permiten hacer realidad la misión sin salir de nuestro entorno: internet nos ofrece posibilidades infinitas. Y sí, es bueno saber aprovecharlas pero también saber utilizarlas en su justa medida.

Podemos manifestar la misericordia de Dios con palabras, no obstante los gestos tocarán mucho más el corazón. La palabra acompañada del gesto traspasa barreras aparentemente infranqueables. No en vano Jesús en el evangelio toca, acaricia...

Cada uno de nosotros somos una parte de la historia. Lo que no hagamos nosotros no lo harán otros. Harán algo parecido, pero nuestra parte nos toca a nosotros llevarla a término. La caricia que no demos quedará sin ser dada; la misericordia de Dios que no manifestemos, por muy convocados a ello que hayamos sido, quedará sin ser vista. ¿Qué hubiera pasado si el padre del hijo pródigo sólo se hubiera alegrado en privado de la vuelta de su hijo? Que nadie habría conocido su alegría, su capacidad de perdón, su capacidad de amar.

Eso es lo que pasa si nosotros perdemos ese sentido de universalidad clamorosa a la que nos llama el profeta Isaías. No se trata solamente de cumplir la misión, se trata de hacerlo con alegría.

Dios nos llama, nos convoca. Si respondemos y hacemos caso de su mandato ¿por qué no hacerlo con buena cara? Dios sonríe. Nosotros, también.




Pa Cristina Inogés Sanz
Zaragoza (Espańa)
E-Mail: crisinog@telefonica.net

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