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ISSN 2195-3171





Göttinger Predigten im Internet hg. von U. Nembach

18ş Domingo después de Pentecostés, 22.09.2013

Sermón sobre Salmo 113:, por Rodolfo R. Reinich

 

El centro de este salmo, y determinando todo su contenido, se encuentra expresado en las palabras: "¡Bendito sea ahora y siempre el nombre del Señor!" (v.2)
La alabanza comienza por reconocer que la grandeza de Dios no conoce fronteras y que por lo tanto merece ser glorificado sin límites de tiempo y espacio (v. 1-3).
Aunque no podamos comprender plenamente su grandeza, ni exista algo en el mundo que pueda ser colocado al mismo nivel con Dios, sí podemos confiar especial y plenamente en su bondad. (V. 4-6).
La grandeza de Dios no consiste en su demostración de fuerza y poder sino en el hecho que bondadosamente se ocupe de los que padecen necesidad (V. 7-9).

Esta inclinación de Dios nos da también a nosotros la certeza de poder confiar en su intervención en situaciones concretas de nuestra propia vida.

Pues, la experiencia personal del salmista le hace decir que: Él Señor levanta al quebrantado y escucha al pobre. Incluso se preocupa de la mujer que no tuvo hijos. (Parece que en aquella época la mujer sin hijos hasta era despojada hasta del derecho de tener su propio hogar).

Entonces, el Salmista nos enseña que la verdadera razón para nuestra alabanza consiste en la misericordia de Dios porque su gracia supera y restablece el derecho de todo ser humano.

El consuelo y ánimo que nos brinda la certeza de saber que el Señor se compadece de corazón de cada uno de nosotros y que nos regala también la fe dispuesta y capaz de soportar sin quebrarse la necesidad, la humillación y la opresión. Porque en su prometida presencia permanente en nuestro Señor Jesucristo va Dios mismo en nuestro mismo caminar.

Cuando vemos que el AT testimonia a Dios ocupándose de los pobres y débiles debemos decir también que el NT nos dice que esta verdad se cumplió de la manera más plena en la cruz de Cristo.

Durante la cruel y despiadada dictadura militar en nuestro país (1976-1982) tuve oportunidad de visitar a varios presos detenidos en distintas cárceles, algunas veces también a internados encadenados a sus camas y fuertemente custodiados en el Hospital de Clínicas de la Universidad de Medicina, para escucharlos y conversar con ellos. La mayoría de las veces, - previo y tedioso control de contenido y más tarde con la debida autorización-, pude introducir y dejarles distinto material teológico solicitado por los detenidos, también de lecturas bíblicas y reflexiones diarias de fortalecimiento espiritual y esperanza, escritos por diferentes autores a nivel ecuménico.

Fue una de las experiencias más conmovedoras de mi vida pastoral, y también de largos años en la tarea de la defensa de los derechos humanos, cuando a partir del año 1983 en democracia por lo menos una decena de esos sobrevivientes liberados, aún sin conocerlos a todos personalmente, vinieron inesperadamente a darme las gracias y a alabar conmigo en oración por lo que había hecho. Ellos me decían que yo no podía imaginarme lo que ese material significaba para ellos. Los pasábamos de mano en mano, de celda en celda y lo devorábamos como el pan. Esa Palabra del Señor era pan de vida para nosotros y lo alabábamos por ello, me decían.

Uno incluso me trajo escrito en un papelito el texto del libro de Lamentaciones, donde dice: "El amor del Señor no tiene fin, ni se han agotado sus bondades. Cada mañana se renuevan. ¡Qué grande es su fidelidad!"

Finalizo compartiendo una hermosa síntesis de lo dicho en la siguiente Gloria in excelsis:

Gloria a Dios en las alturas/ todo el mundo cantará,
//y hasta aquellos que te ignoran/ a tus pies se postrarán.//
Por el pan de cada día/ ¡gracias Señor!
Por la luz y la alegría, / ¡gracias Señor!
Por la vida y el amor, / ¡gracias Señor!
Por la gracia recibida, / ¡gracias Señor!
//y hasta aquellos que te ignoran/ a tus pies se postrarán.//
(Canto y Fe en América Latina No. 384

¡Lamento no manejar suficientemente esta maravillosa tecnología como para enviar también la música!

 



Pastor emérito Rodolfo R. Reinich
Villa Ballester, Prov. Buenos Aires, Argentina
E-Mail: rodolforeinich@gmail.com

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