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ISSN 2195-3171





Göttinger Predigten im Internet hg. von U. Nembach

Duodécimo domingo de Pentecostés, , 31.08.2014

EL LÍDER CREYENTE: AL SERVICIO DE DIOS, DE SU PUEBLO Y DE LA VIDA COMUNITARIA
Sermón sobre Éxodo 3:1-15, Mateo 16: 21-28 y Romanos 12:9-21 , por Álvaro Michelín Salomón

 

Todo pueblo necesita líderes y la iglesia también. La Biblia, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo,  ofrece múltiples ejemplos de líderes, y uno de ellos es Moisés. Los auténticos líderes no surgen de la nada ni por un capricho individual, sino por una necesidad concreta que debe ser satisfecha en beneficio de un grupo, un pueblo, un país, una iglesia, o de una comunidad que aún debe ser formada.

Israel en el tiempo de Moisés era un pueblo sometido en Egipto. Por lo que podemos rescatar de la historia bíblica, los israelitas no estaban constituidos formal o institucionalmente como un pueblo con un gobierno propio, pero sí conservaban su identidad que les venía de la era patriarcal. El Dios de Abraham, Isaac y Jacob era su Dios. Ellos eran los descendientes de los antiguos patriarcas y eso no lo olvidaban. Si bien la tierra de Egipto, después de varios siglos de asentamiento allí, seguía siendo para ellos una tierra extranjera, no les había cortado su línea histórica ni teológica: tenían una identidad religiosa y social que no debían perder y la tenían que transmitir de generación en generación.

En determinado tiempo histórico, allá por el Siglo XIII a.C., "...en Egipto surgió un nuevo rey [faraón] que no había conocido a José, y le dijo a su pueblo: --Como pueden ver, el pueblo de los hijos de Israel es más numeroso y más fuerte que nosotros. Así que debemos tratarlos con mucha sabiduría para que no sigan multiplicándose. Puede suceder que, en caso de guerra, ellos también se alíen con nuestros enemigos y peleen contra nosotros, y se vayan del país. Entonces los egipcios pusieron sobre los israelitas a comisarios de tributos para que los afligieran con sus trabajos. Así los israelitas construyeron para el faraón Pitón y Ramesés, que eran ciudades de almacenaje [...]. Además, el rey de Egipto habló con Sifra y Fúa, que eran las parteras de las hebreas, y les dijo: --Cuando ustedes ayuden a las hebreas en sus partos, fíjense en el sexo. Si es niño, mátenlo; si es niña, déjenla vivir." (Éxodo 1:8-11, 15-16 - Versión Reina-Valera Contemporánea).

Ese el concreto marco histórico del surgimiento de un nuevo líder, Moisés, quien será acompañado por su hermano Aarón y su hermana María o Miriam. Su pueblo necesitaba justicia y libertad, y además alguien debía encarnar ese proyecto social para organizar a Ios israelitas hacia su cumplimiento efectivo. Moisés era un pastor de ovejas "y cuidaba las ovejas de Jetro, su suegro, que era sacerdote de Madián, y un día llevó las ovejas a través del desierto y llegó hasta Horeb, el monte de Dios. Allí, el ángel del Señor se le apareció en medio de una zarza envuelta en fuego..." (Éxodo 3:1-2ª). En la revelación especial de Dios a Moisés, el Señor le dice:   "--He visto muy bien la aflicción de mi pueblo que está en Egipto. He oído su clamor por causa de sus explotadores. He sabido de sus angustias, y he descendido para librarlos de manos de los egipcios  y sacarlos de esta tierra, hacia una tierra buena y amplia, una tierra que fluye leche y miel, una tierra donde habitan los cananeos [...]. El clamor de los hijos de Israel ha llegado a mi presencia, y he visto además la opresión con que los egipcios los oprimen. Por lo tanto, ven ahora, que voy a enviarte al faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los hijos de Israel." (Éxodo 3:7-10)

Dios vio y comprendió la opresión que sufría el Pueblo de Israel, los descendientes de los patriarcas en Egipto, y no quiso permanecer indiferente ante ese justo reclamo por justicia y libertad. Pero Dios necesitaba a alguien que se identificara con ese proyecto a favor del pueblo oprimido, y así fue llamado Moisés. Se puede decir que Moisés tenía una doble nacionalidad como hebreo y egipcio, y tenía asimismo una formación cultural amplia, la cual iba unida a la tradición de fe de Israel.

La libertad de los israelitas irá unida al culto al Dios liberador. La marcha por el desierto, si bien será muy difícil por las duras condiciones de supervivencia, no debe convertirse en una vida espiritual estéril, debe ser una vida de fe y comunitaria muy fecunda. Ahí estarán entonces Moisés, Aarón y María para conducir a los hebreos con un sentido de pertenencia al Dios de la libertad. El Dios de los patriarcas será el Dios de los israelitas por el desierto, y tiene que ser también el Dios de las tribus que pasarán el Jordán para instalarse en la Tierra Prometida, donde "fluye leche y miel".

Muchos siglos después, quien es para los cristianos/as el líder por excelencia, Jesús de Nazaret, compartió con sus discípulos ciertas enseñanzas difíciles de comprender y asumir en su momento; ellas cobrarían una nueva luz después de la crucifixión y resurrección del Maestro. Leemos: "A sus discípulos les dijo: --Si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque todo aquel que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque, ¿de qué le sirve a uno ganarse todo el mundo, si pierde su alma? ¿O qué puede dar uno a cambio de su alma?" (Mateo 16:24-26)

Cuando Jesús habla del alma (psyjé en griego) da a entender el sentido de la existencia, el centro de la vida humana, aquello que nos hace realmente personas e hijos/as de Dios.

Podemos expresarlo así: quien solo se ocupa de su individual proyecto de vida por el cual lo único que importa es engrandecerse a sí mismo, ya sea en prestigio o por las riquezas o por el mero afán de sobresalir y ejercer el poder sobre los demás, no estará jugando el partido de Jesús. Quien sólo piensa en sí mismo, no piensa en Jesús ni en los demás... al menos como se espera de un seguidor/a del gran Liberador. Quien aspira más que nada a hacer carrera poniéndose como objetivo ganar a toda costa, sin mirar quien tiene al costado, sin considerar un poquito la vida de los demás, estará alejándose del proyecto de Jesús, el proyecto del Reino de Dios. Quien se imagina siendo un Moisés pero solo para sí, un líder a quien muchos deban obediencia y sumisión acrítica, no encarnará el proyecto liberador comunitario que se espera de un líder inspirado en la historia bíblica. Quien quiere "comprarse" la vida y el futuro con dinero, con certezas humanas, con posesiones y lealtades de muchas personas a su servicio, terminará cosechando inseguridades, temores y la obsesión por conservar (o ampliar aún más) aquello que ha conseguido. Entonces su prioridad no estará puesta en la extensión del Evangelio y, como expresó Jesús, estará perdiendo su alma en el afán de ganarse el futuro de manera extremadamente individualista.

En el listado de Romanos 12:9-21 encontramos un elenco de exhortaciones que hace el apóstol Pablo como características fundamentales de la vida cristiana. Se trata de consejos para una vida comunitaria en serio, una existencia compartida dentro de la iglesia y fuera de ella. Los/as cristianos/as deben llevar una vida que marque profundamente a otros, que favorezca la participación en la iglesia, que invite a otras personas a sumarse. En los versículos anteriores Pablo expone la imagen de la iglesia como cuerpo en Cristo, donde muchos tienen diversas funciones. Entonces ello implica la diversidad de líderes, tantos líderes como servicios y tareas específicas. Todo ello debe confluir en una complementación que alimente el crecimiento personal y comunitario, crecimiento posible porque hay actitudes, palabras y obras que conllevan la alabanza al Señor y el servicio al prójimo. Donde hay comunidad el individualismo debe ser frenado, pero todo debe ser realizado con amor. No se trata de aplastar las individualidades sino que estas se conjuguen en una red solidaria que permita a todos ser una manifestación del Espíritu Santo.

Por lo tanto los líderes que tenga la comunidad deberán velar por mantener el amor sincero (v.9), el amor fraternal (v.10), la actitud de respeto y deferencia hacia los demás (v.10), sirviendo al Señor con espíritu ferviente (v.11), gozándose en la esperanza (v.12), soportando el sufrimiento (v.12), siendo constantes en la oración (v.12). Los/as cristianos/as deben ayudar a los necesitados (v.13), practicar la hospitalidad (v.13), bendecir a quienes los persiguen (v.14). También deben gozarse con los que gozan (v.15) y llorar con los que lloran (v.15). La comunidad cristiana debe ser como una sola persona (v.16), no siendo altivos sino humildes (v.16). La actitud hacia los injustos y malos debe ser no pagar mal con mal (v.17). Como principio general se debe vivir en paz con todos (v.18). La venganza no debería tener lugar entre los creyentes (v.19). Por eso: "si nuestro enemigo tiene hambre, démosle de comer; si tiene sed, démosle de beber..." (v.20). Al mal debemos vencer con el bien (v.21).

Estos consejos del apóstol Pablo, entonces, apuntan hacia la máxima expresión de un proyecto de vida comunitaria que moldee la participación de los miembros de iglesia, tanto de los activos como de quienes se aprestan a integrar la iglesia. Viviendo de esa manera surgirán líderes que promoverán un proyecto de vida comunitaria y social que sea superador del egoísmo innato que a cualquier persona puede dominarle. La iglesia debe servir, por ello, tanto a las personas simples sin un liderazgo visible o llamativo, como a quienes ostentan las responsabilidades consideradas más relevantes y necesarias. Así la iglesia se constituye como una escuela de vida, una comunidad de participación, respeto por el prójimo y valoración de lo que cada uno puede aportar.

Es así que los líderes no surgirán de la nada ni por un capricho individual. Serán el resultado de una inspiración de Dios pero en el marco de una vida comunitaria formadora, en una iglesia evangelizadora por el amor, no solo por las palabras. Podemos decir, entonces, que la edificación comunitaria y la formación para el liderazgo van de la mano, se complementan, se necesitan mutuamente. Si aprendemos a ser iglesia en la línea de los consejos de Pablo en Romanos 12, por añadidura vendrán líderes que podrán servir en esa misma comunidad o se podrán preparar para servir en otros grupos y congregaciones.

Por supuesto que, hoy en día, para la formación en determinados liderazgos eclesiales y seculares no siempre basta con ser miembro de iglesia, se impone una preparación más específica. Pero si la experiencia previa de participación congregacional es fuerte, es muy probable que el tiempo de capacitación de los futuros líderes sea de bendición y aporte a un mejor aprovechamiento del estudio, de las nuevas experiencias y de las crisis personales que puedan venir. Porque nadie está libre de pruebas, crisis y sacudones en una carrera para el liderazgo cristiano, ya sea para desarrollar en la iglesia local como en otros ámbitos como son los colegios y las obras de diaconía. Y ello vale asimismo para la formación para liderazgos seculares.

Cuanto más significativa sea la vida congregacional, más probabilidades habrá de que jóvenes y adultos experimenten el llamado de Dios a servir como líderes en los diversos campos de trabajo de la iglesia, tanto de los ya existentes como de los nuevos ámbitos de acción que se puedan implementar. Porque un buen líder responderá a la historia pero también deberá estar abierto a la renovación personal y comunitaria. Y los cambios comunitarios e institucionales necesitarán tener el sello de una comunidad integradora que los avale, para que la idea no quede solo en la cabeza de un líder ni este se frustre por lo que no pueda conseguir.  Si hay amor sincero, servicio al Señor con espíritu ferviente, gozo en la esperanza, constancia en la oración y la práctica de la solidaridad con los necesitados, y si las actitudes motivadoras de toda acción son la humildad personal y el respeto a los demás, podrá haber cambios grupales reales con el menor costo posible de incomprensión, sufrimiento y crisis institucional. En todo ello se juega un buen liderazgo en la iglesia.



Pastor Álvaro Michelín Salomón
Buenos Aires
E-Mail: alvaro.michelin.salomon@gmail.com

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