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ISSN 2195-3171





Göttinger Predigten im Internet hg. von U. Nembach

Tercer domingo de Adviento, 31.01.2013

Alegraos, es tiempo de celebrar
Sermón sobre Isaías 61:1-4 y 8-11 y Juan 1:6-8 y 19-20, por Amelia I. Casillias Rodríguez


Cantemos el Himno de la Alegría y gozo del cual nos habla el profeta Isaías. Luego del dolor que causó la invasión de Babilonia, cuando destruye la independencia Israelita, donde el pueblo fue obligado a peregrinar en el destierro. Sentir que perdían el templo de Jerusalén, su liturgia, sus rituales y privilegios. En tiempos en que el mundo se tambaleaba ante Asiria, que enviaba ejércitos que dejaban ruinas, miedos y desolación do quiera pasaban. Ante esta realidad había y hay palabra de Dios que trae esperanza para un pueblo herido, oprimido y maltrecho.

Hoy, en el 3er omingo de Adviento, celebramos la esperanza con alegría, regocijo y festividad, porque hay excelentes noticias para un pueblo que está en desaliento. Es el nuevo momento de Dios para que nuestras congregaciones, comunidades y familias proclamen, celebren la intervención de Dios en nuestros tiempos. Este mensaje viene con el gozo que da la buena noticia de salvación del Dios siempre presente que nos permite adorarle con música, canticos y la letra de los himnos tradicionales que  nos llevan a ubicarnos en la celebración del Mesías esperado. Adviento en nuestro país, Puerto Rico, lo aclamamos con ritmos alegres, los Coros, las liturgias, los dramas Navideños, acompañados de la comida típica, del colorido de las casas, las decoraciones de los hogares e Iglesias; anuncian que viene algo nuevo y bueno. Por eso exhortamos a que cantemos el Himno de la Alegría, porque hay buenas noticias para los pueblos.

Este poema es un Himno de Alegría, porque la restauración es posible permitiéndonos discernir el poder de la maravillosa unción del Espíritu de Dios. Esta es como una fuerza invisible que unge y capacita para proclamar las buenas nuevas a los oprimidos que sufren en medio de los oscuros calabozos que les ha tocado enfrentar. Es una iluminación interior para conocer la Palabra que nos da la fortaleza para seguirla en fidelidad. Es la promesa de salvación y liberación del pueblo de Dios, física, espiritual, social, emocional, individual y a nivel colectivo comunitario. Estos versos proclaman una profecía de restauración que lleven al pueblo a que entre en un proceso donde pueda experimentar un cambio de su estado de dolor, lamentación y luto a uno donde pueda engalanarse con vestiduras espléndidas, nuevas, que invitan a celebrar la alegría de vivir en bienestar. Es que el pueblo pueda proclamar y vivir la alegría de la esperanza que reedifica, levanta y restaura a un pueblo oprimido, marginado y rechazado. Me resulta hermoso cuando el verso bíblico habla de esa nueva Jerusalén les pondrá dos nombres nuevos: Robles de Justicia y Plantación de Yavé. Porque nos habla de los arboles de Justicia, los cuales visualizó con raíces profundas, de gran porte, que dan seguridad y estabilidad. Y es precisamente en la plantación o chacra de Dios, donde Él mismo siembra la semilla y cuida de ese pueblo restaurado, liberado y sustentado. Esto es con el propósito de que experimente la plenitud de vida que se siente en el ser interior que produce gozo, alegría y la satisfacción de la bendición de saberse cuidado por el mismo Dios.  Adviento nos invita a estar en la expectativa de la venida del Mesías anunciado por los profetas. Sin embargo, no es que continuemos esperando al Mesías profético histórico, sino que esperamos y creemos en un Dios vivo que se hace real en nuestro caminar diario, que está entre nosotros en el peregrinar del siglo XXI complejo, retante y hasta deshumanizante. Es por eso que el Evangelio de Juan 3:16 nos dice que en un acto de amor, Jesús vino al mundo, para que todo el que crea en Él descubra la verdadera vida, de amor, esperanza y solidaridad.

Es el saber compartir y vivir el acontecer de Dios en el mundo de hoy, en el acontecer cotidiano de los pueblos y naciones.

El poder continuar dándole la Buena Noticia, a aquellos y aquellas que encontramos en el camino de la desesperación, soledad y angustia del rechazo y la marginación.

Con la familia aprendí a celebrar Adviento, llegando a los hogares de nuestros ancianos y ancianas, compartiendo el pan, los platos típicos de nuestro país; y llevándole la alegría de la que el profeta Isaías nos habla. El gozo que trae el anuncio de la esperanza que ha de venir el Mesías a traer nuevas opciones de vidas renovadoras, liberadoras y llenas de confianza de que algo nuevo sea posible, cuando otros ven tragedia y desesperanza. El Apóstol Pablo nos invita a vivir el Adviento en oración, meditación y búsqueda para tener la capacidad y sensibilidad de poder identificar al Dios real y activo en nuestras comunidades y nuestro prójimo y de esta manera poder unirnos al proyecto y propósito divino. La oración, que en muchas ocasiones nos da la impresión de que es una disciplina que se ha ido perdiendo, es la que nos da el discernimiento, sabiduría y capacidad de vencer en el momento complejo y angustiante. Es la que nos muestra una nueva perspectiva de vida, que produce bienestar a todo el pueblo, sin mirar las diferencias que nos continúan separando en medio de los tiempos y que de esta manera fluya un cantico de gozo y alegría ante la vida.

Esta época de celebraciones tradicionales, la decoración requiere de muchas luces coloridas, que denotan celebración, contentamiento de espíritu y da testimonio de la época de festividad. Así como Juan el Bautista, en los tiempos bíblicos, supo dar testimonio en momentos complejos y difíciles nos corresponde a nosotros darlo hoy. Hemos sido llamados y comisionados a dar testimonio de la luz que es Jesucristo. El Evangelio de Juan nos plantea claramente el propósito del testimonio que estaba dando Juan el Bautista, el cual era que todos creyesen en el Mesías. El estaba claro de su ministerio y llamado a preparar el camino del Señor.  Juan no era la luz, sino que él daba testimonio de la luz, él mismo era testigo de Jesús como el Mesías esperado. Más adelante vamos a encontrar a Jesús, el Mesías prometido haciendo uso de estas palabras de Isaías 61 para anunciar que ya había llegado la era Mesiánica a un pueblo que necesita escuchar el mensaje de salvación (Lucas 4:18-19). Jesús va llevando un rayo de esperanza, alegría y renovación en la vida de hombres y mujeres que necesitan escuchar el mensaje liberador y de solidaridad.

Las luces que encendemos en la celebración de Adviento y Navidad, deben de proclamar que la luz del mundo que es Cristo está encendida.

Desde los tiempos bíblicos fue encendida con los testimonios de hombres y mujeres que fueron testigos de esa luz del mundo que los restauro, perdono y los trato con dignidad y respeto. La mujer del flujo de sangre, la mujer samaritana, el leproso, el endemoniado y tantos otros que experimentaron la restauración de la luz que transforma, restaura y nos da un nuevo motivo de vida y esperanza.

Continuemos, celebremos el Adviento con el Himno de la Alegría, que produce gratitud, regocijo y apertura de espíritu para poder ser luz do quiera vayamos. En muchas de las preguntas, cuestionamientos y retos que hemos de encontrar en el camino, Dios espera que cada luz que encendamos en nuestra decoración navideña, refleje el testimonio de la luz de Cristo que brilla en nuestros hogares, comunidades y pueblos.  Tenemos que unidos trabajar e influenciar para que se apague lo que limita, excluye y siembre la desesperanza. Brillemos con la luz de Cristo, Celebremos la nueva vida que nos invita a alumbrar y bendecir.

 Permitamos que siempre tengamos el Himno de la Alegría en nuestros labios y corazones para que otros puedan descubrir al Dios del gozo, de la restauración e inclusión.

¡Alegrémonos porque es tiempo de celebrar! Así nos ayude Dios.



Pastora Amelia I. Casillias Rodríguez
Bayamón, Puerto Rico
E-Mail: nechy.casillas@gmail.com

Bemerkung:
Brown, Raymond E., Fitzmayer, Joseph A., Murphy, Roland E. 1971. Comentario
Biblico “San Jeronimo”, Tomo II, Antiguo Testamento. Ediciones Cristiandad.
Madrid.

Croatto, J. Severino. 2001. Imaginar el Futuro. Estructura retorica y querigma del
Tercer Isaías. Isaías 56-66. Grupo Editorial Lumen. Buenos Aires – México. Página 245-289.
Pikaza, Xabier. 1993. El Evangelio. Vida y pascua de Jesús. Ediciones Sígueme.
Salamanca.
Wikenhauser, Alfred. 1978. El Evangelio Según San Juan. Editorial Herder. Barcelona.



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