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ISSN 2195-3171





Göttinger Predigten im Internet hg. von U. Nembach

Cuarto domingo de Adviento, 21.12.2014

Sermón sobre 2ª Samuel 7:1-11 y Lucas 1: 26-38 , por Hugo N. Santos

El leccionario nos propone confrontar dos historias. Por un lado, David preocupado para construir un gran templo, esto es un espacio externo para Dios. Quiere realizar un gran proyecto, generoso, que honre a Dios. Pero David, ¡cómo se mezclan las intenciones!, tiene sueños de grandeza. Es un gran político.

Él quiere competir con los sueños colosales que otras naciones han levantado a sus divinidades. Pero Dios no quiere una casa propia, hecha de piedras, sino que prefiere caminar con su pueblo. A través de Natán, Dios envía un mensaje al Rey: "Yo no pedí un templo, siempre anduve en templos de campaña con ustedes, a la intemperie también". Solo después de la muerte de David llevará a cabo su plan acerca del templo, pero no fue  el modo como Él lo quería.

La historia de María es bien distinta. No intenta construir un espacio externo para Dios sino un espacio interno de escucha y acogida. David está en el centro del pueblo, en el palacio, a María no la conoce casi nadie y está en un pueblito de poca importancia para la época.

No tiene otro bagaje para introducirse en el proyecto de Dios que su fe decidida. María se deja encontrar. En el texto está ella diciendo "Aquí está la esclava del Señor". Solo puede decir que es siervo de Dios aquel que es verdaderamente libre. Solo sabía que Dios la convocaba, no sabía lo que vendría ni terminaba de entender lo que pasaba, pero sabía a quien le estaba respondiendo. Definición posible de fe: Saber que Él sabe. Hay una relación de complicidad entre Dios y María mediatizada por el ángel.

María ofrece a Dios el único espacio que Dios le pide: su cuerpo, su persona, todo su ser. El templo espectacular que David quería le quedaba chico. Solamente un cuerpo humano de carne podía contener toda su gloria. Solamente una pequeñez entregada podía abrazar la gloria de Dios. El espacio más chiquito, pero más consagrado podía ser apto para hospedar a lo infinito. Dios encontró una casa para Él en el cuerpo de María. El cuerpo humano, la obra más grande y maestra de Dios es el sitio más digno y hermoso para que lo habite el niño Jesús. Dios, finalmente, está en casa propia   cuando está en nuestra casa.

Un momento en que se nos invita a contemplar la hermosura del misterio que nos presenta. El Hijo infinito de Dios toma la carne humana, se hizo hombre en el seno de María, lo divino se unió con lo humano de una manera llamativa e inesperada.

Es interesante como el ángel anuncia a Jesús y prepara a María para el "sí". La palabra del Ángel es una invitación   a despertar en nosotros algunas actitudes básicas y necesarias para responder a Dios con un "sí", con la actitud de María tal como Dios la quiere. Le dice: "alégrate, el Señor está contigo, no temas, has hallado gracias delante de Dios, llena eres de gracia, de la gracia de Dios".

Una invitación a alegrarse es lo primero que María escucha de Dios. En tiempos de oscuridad y confusión como los que estamos viviendo, tiempos de dificultades, conflictos e incertidumbres se nos invita a no perder la alegría. Sin esta alegría la vida se hace más dura y azarosa. "Dios ama al dador alegre". ¡En cuántos sobres de las ofrendas de congregaciones  está esta afirmación bíblica! No solo a la entrega de nuestro dinero puede ser aplicada. También a la entrega del tiempo y de toda la vida. El servicio cristiano no es algo que se asume con gruñidos y mala onda,  se trata de un don que siendo vulnerable se debe cuidar con generosidad y buena disposición. Porque la alegría no puede ser forzada u obligada sino que surje del ser interior como un don del espírtu de Dios.

Dios no nos deja solos. Dios nos acompaña, defiende y busca nuestro bien. Podemos quejarnos de muchas cosas en medio de nuestro trabajo, pero nunca que estamos solos. Saber que Dios está con nosotros nos anima a estar nosotros también con los que sufren y los que necesitan de nuestra compañía y solidaridad.     

Y esta certeza de la presencia de Dios a nuestro favor es el mejor antídoto contra el miedo. Este es un estado que nos lleva a inhibir la conducta o a retroceder. El miedo amenaza la esperanza y aleja el amor. El miedo es miedo al futuro, a la  enfermedad, a los peligros... El miedo paraliza las fuerzas, nos saca la luz necesaria para la misión.  

"Llena eres de gracia". No solo María, sino todo aquel que le dice "Sí" a Dios como María pues ella vive bajo la gracia y el amor del Dios. Él no es una receta infalible para resolver los problemas diarios, pero todo se hace diferente cuando buscamos en Él la luz y el refugio para  caminar por la vida cumpliendo Su voluntad. El "Sí" de María cambió la historia y hizo de su historia una historia de salvación. Cada "sí" que le damos a los llamados de Dios nos prepara para un nuevo "sí"  que va construyendo nuestra vida cristiana, aún con limitaciones, al ritmo de esos llamados y esas respuestas.

Por eso María nos lleva a lo esencial de la Navidad. Con su actitud de escucha, con su extraordinaria capacidad para recibir la presencia de Dios adentro de ella. Dios necesita de María como necesita y necesitará de todos aquellos que no le pongan resistencia a su acción. Alguien que no le diga he aquí lo que pensé, lo que preparé, lo que tengo, sino alguien que simplemente diga "Heme aquí".

Necesitamos hablar más y más ahora de la espiritualidad del cuerpo, no espiritualizando al cuerpo sino corporizando al espíritu. Es decir, haciendo de nuestro cuerpo el lugar que sirve de canal para que circule el plan y la obra salvadora de Dios. A eso apuntaba Pablo cuando hablaba de presentar "vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro verdadero culto". El verdadero templo, aquel donde se expresa una espiritualidad no mentirosa. El lugar disponible para Dios. María dice "sí", pone el cuerpo y se transforma de espectadora en protagonista. Que sea un ejemplo para nosotros...y para la iglesia.



Pastor Hugo N. Santos
Buenos Aires
E-Mail: hnsantos@ciudad.com.ar

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