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ISSN 2195-3171





Göttinger Predigten im Internet hg. von U. Nembach

Pentecostés, 04.06.2017

Sermón sobre Salmo 104:24-34, por Paula Fogel

Salmo 104: 24-34 “Si envías tu aliento, son creados, y renuevas la faz de la tierra” (vs 30)

Hechos 2: 1-21 “Al producirse aquel ruido, la gente se congregó y se llenó de estupor, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua”

1° Co 12: 3b-13 “Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él; si un miembro es honrado, todos los demás toman parte de su alegría”

Juan 7: 37-39 “Si alguno tiene sed, que venga a mi y beberá; del que cree en mi se puede decir lo que afirma la Escritura: De su seno manarán ríos de agua viva”

 

Al producirse aquel ruido, la gente se congregó y se llenó de estupor, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua

 

Oír hablar en su propia lengua. ¡Qué acto tan revolucionario!

En tiempos de ruidos, donde la escucha muchas veces no se hace presente, donde los medios de comunicación nos hacen creer que la otra, el otro, es “peligroso”, y por ende debo vivir “inseguro” al encontrarme con alguien distinto a mi.

Oír hablar en su propia lengua. ¡Qué acto tan revolucionario!

En tiempos donde el colonialismo se sigue perpetuando, en Medio Oriente, en América Latina, donde no existe interés por la diversidad, las distintas formas de comunicación y claramente, por los distintos idiomas.

Oír hablar en su propia lengua. ¡Qué acto tan revolucionario!

Allí, en Pentecostés, aquí, hoy, reunidos en comunidad, Dios se manifiesta como un Dios diverso, que oye y luego se comunica. ¡Y no se comunica en cualquier lengua! Sino en nuestra propia lengua.

 

Esto es Pentecostés. Celebramos de diversas formas el aniversario de la iglesia. Una iglesia que nace desde la escucha.

 

Pero... ¿Qué iglesia es la que celebramos?

En ocasión de la fiesta de Pentecostés, se encontraban reunidos en Jerusalén, un pequeño grupo de hombres y mujeres, entre ellos los discípulos de Jesús, también María y sus hermanos, estaban orando con un mismo espíritu nos relata el texto.

¿Y entonces? ¿No era eso una forma suficiente para ser iglesia? Reunirse en comunidad, orar, creer en la resurrección, compartir el pan...

Al parecer no, aún faltaba algo para que aquel pequeño grupo se transforme y comience a ser iglesia. ¿Qué fue entonces lo que modificó a aquellos hermanos y hermanas reunidos en ocasión de Pentecostés?

Para el grupo allí reunido, ser iglesia significó dejar el lugar seguro y cerrado en el que se encontraban orando. Salir afuera. Abrir las puertas. Contarle a otros y a otras las maravillas de Dios. Encontrarse con personas diversas, desconocidas. Haciendo cosas diversas y que desconocían. La iglesia nace en el momento en donde aquellos hombres y mujeres reunidas reciben el Espíritu de Dios como soplo, y a partir de allí se sienten entusiasmados por aquel espíritu que los mueve y los capacita para compartir junto con otros.

Lo que faltaba en aquel grupo reunido era compartir lo que había sido compartido con ellos. Encontrarse con otros y otras. Diferentes a ellos. Diferentes a mí. Diferentes a vos.

Dios en Pentecostés opta por que cada persona pueda escuchar el mensaje de salvación en su lengua materna, y esto es algo que no debemos pasar por alto al momento de pensarnos como comunidad.

Entonces quizás, celebrar el nacimiento de la iglesia, tanto ayer como hoy, quiere decir que debemos hablar en la lengua del que escucha. Y para ello no hay otra forma de hacerlo que escuchando al otro, escuchando a la otra.

Escuchar sin imponer. Escuchar la diversidad. Hacernos parte de las diversas manifestaciones de Dios. Sentir junto con otros. Esa iglesia es la que somos llamados a celebrar y compartir.

 

El Dios que se manifiesta en Pentecostés es un Dios que no opta por la imposición, de un idioma, de una forma de celebración, de una creencia o ideología. El Dios manifiesto en Pentecostés nos recuerda el regalo inmenso de haber sido creados en medio de la diversidad, y es allí, donde se hace presente.

Quiera Dios que en este domingo de Pentecostés seamos capaces de escuchar, de celebrar la diversidad de voces, colores, aromas y cuerpos presentes en nuestra comunidad.

Quiera Dios animarnos con su espíritu para ser testigos de su resurrección, para compartir esta buena nueva junto con otros y otras.

En medio de la diversidad en la que estamos inmersos, quiera Dios hacernos partícipe de su lucha para que esa diversidad no sea más perseguida, señalada, condenada y estigmatizada.

Que su espíritu nos movilice, nos guíe, nos renueve para acompañar a aquellos pueblos, y aquellas personas que aún hoy siguen siendo perseguidos y nunca escuchados.

Que su espíritu nos guíe en lo que hacemos, en lo que predicamos, y en cada opción que tomamos como comunidad, para que la fiesta de Pentecostés sea una fiesta también hoy, aquí, entre nosotros. Escuchando atentos, para oír hablar en nuestra propia lengua y escuchando atentos para saber cuál es el lenguaje de nuestros hermanos y hermanas.

 

“Tal como ayer, ven hoy también, revélate y habita entre nosotros otra vez”

(Hace tiempo – Atilio Hunzincker y Delcio Kallsten, Argentina)



Licenciada en Teología Paula Fogel
Buenos Aires
E-Mail: paufogel@gmail.com

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