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ISSN 2195-3171





Göttinger Predigten im Internet hg. von U. Nembach

4º Domingo de Cuaresma, 11.03.2018

Sermón sobre Juan 3:16-17, por Marcelo Mondini

Juan 3:16-17 (Versión Dios Habla Hoy)

“Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.”

 

Estamos transitando el tiempo de Cuaresma, momento del año litúrgico que nos invita a la reflexión, a profundizar la mirada hacia nuestro interior y también hacia las realidades que nos rodean. Es un tiempo de preparación para que, una vez más, volvamos a recordar, resignificar y apropiarnos del gran amor de Dios expresado en Jesucristo.

El texto del leccionario para este domingo es, probablemente, la porción del Nuevo Testamento más conocida. Lo aprendemos de memoria siendo niños, y nos acompaña a lo largo de toda la vida. Lo repetimos en nuestras oraciones personales y en los encuentros litúrgicos. Es la base de innumerables poemas y canciones, que, con distintos estilos, melodías y ritmos, han quedado marcados en nuestras mentes y en nuestros corazones.

Este texto, breve y conciso, es considerado como “el Evangelio dentro de los Evangelios”. Hasta se ha dicho, tal vez en una forma un poco exagerada, que si toda la Escritura se perdiese, pero se conservara este párrafo, aún tendríamos la esencia de la Buena Noticia: Dios llega al ser humano, tomando la iniciativa por amor, y a partir de allí da todo de sí, enviando lo más valioso, a Jesucristo a nuestro mundo para dar vida, que es la vida verdadera. Y la respuesta esperada a este gran amor es sólo una: es la fe en Jesucristo, el creer que la única forma de reencuentro con este gran Dios de amor es por medio de Jesucristo.

Podemos aprender de memoria y repetir innumerables veces estos versos, pero siempre nos quedará gran parte de significado sin agotar. Es un gran misterio. Y es así que nos preguntamos una y otra vez, ¿cómo podemos hacer para comprender en su cabal medida el amor de Dios, la clave que da inicio a todo este accionar de salvación? Como leemos en los textos paulinos, éste es un amor que no podemos medir: tan ancho, tan alto, tan profundo… Pero lo que muchas veces la mente no puede lograr, el corazón sí puede hacerlo. Es así que muy dentro nuestro, y porque el amor viene de Dios, es que sentimos esta presencia, esta mano que acompaña: el gran amor de Dios expresado en las pequeñas cosas cotidiana, en la belleza de la creación, en el cariño de quienes nos rodean…

Un amor muy especial, único; amor que está siempre destinado a producir el encuentro, la salvación, la liberación, y nunca el distanciamiento, la fractura, la condena. Un amor que siempre suma, y que nunca resta. Un amor vivido hasta el extremo por Jesucristo.

Los Evangelios dan testimonio de este amor. En nuestras celebraciones, y en particular en el momento de preparación para participar de la Comunión, cantamos “Como Cristo nos amó nadie pudo amar jamás”. Y si seguimos los encuentros de Jesús con la gente, en su caminar por Galilea, vamos a detectar las situaciones que confirman este gran amor. Por ejemplo, si leemos el Evangelio de Juan enfocándonos en el trato que tiene Jesús hacia las personas con quienes se encuentra, interactúa y conversa, vamos a encontrar que el elemento central es este gran amor por la persona misma, entendiendo la situación por la que está atravesando, y ayudándola a cambiar la mirada, que le permita ver el futuro de otra manera. Jesús expresó el gran amor de Dios con palabras y con acciones, con gestos y silencios, con miradas y con una gran capacidad de escucha.

Pero, ¿cómo puede cobrar vida este texto del evangelio de Juan hoy?; ¿cuáles serían los posibles caminos a transitar en nuestra meditación, para que esta Palabra se ilumine en nosotros, en esta Cuaresma de 2018?

Y como el Evangelio clama por contextualización, hoy debemos esforzarnos para hacer una lectura del texto que se vincule con nuestras realidades. En el caso de la Argentina, en estos días estamos transitando un debate de gran complejidad, que es el tratamiento de ley de la despenalización del aborto. Es un tema relacionado en forma directa con la vida en sus orígenes mismos, pero también con la vida en las difíciles realidades por las que atraviesan las personas, y en especial las mujeres jóvenes y de bajos recursos, principalmente aquellas que se encuentran en las márgenes del sistema económico y social, para quienes no se escuchan muchas voces que les lleve esperanza.

Es así que en este contexto, como en las múltiples situaciones por las que estamos atravesando tanto en lo personal como colectivamente en nuestras comunidades de fe, se hace necesario recurrir a la iluminación que sólo el Espíritu de Dios nos puede dar, para llegar a comprender en profundidad el significado del amor de Dios. Y el Evangelio nos habla de vida, de vida eterna, de vida abundante, de vida para todos. Pero también nos habla de salvación, en oposición total a la condena, a la discriminación, en un camino que lleve al encuentro y no al distanciamiento.

Somos seguidores de Jesucristo, discípulos del Maestro. Nada mejor que aprender de él para que esa forma de amar, de mostrar el amor de Dios a las personas, se haga carne en nosotros, y nos acompañe en nuestro diario caminar.

Nuestra oración hoy es pedir a nuestro Dios, el Señor de la vida, que nos ayude a releer su Palabra a la luz de nuestras realidades, para que la Buena Noticia del gran amor de Dios que es entrega, que es encuentro, que es vida eterna, se haga carne una vez más en nosotros hoy.

Que así sea.



Pastor Marcelo Mondini
Buenos Aires, Argentina
E-Mail: marcelo.mondini@hotmail.com

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