{"id":10132,"date":"2021-02-07T19:49:34","date_gmt":"2021-02-07T19:49:34","guid":{"rendered":"https:\/\/theologie.whp.uzh.ch\/apps\/gpi\/?p=10132"},"modified":"2022-10-17T11:13:44","modified_gmt":"2022-10-17T09:13:44","slug":"juan-8-31-36","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.theologie.uzh.ch\/apps\/gpi\/juan-8-31-36\/","title":{"rendered":"Juan 8: 31 &#8211; 36"},"content":{"rendered":"<div align=\"left\">\n<p>\u201cLa verdad os har\u00e1 libres&#8230;\u201d Pocos textos del evangelio de Juan han sido tantas veces citados y repetidos. Incluso en ambientes externos a la fe aparece ocasionalmente el lema: \u201cla verdad os har\u00e1 libres\u201d.<\/p>\n<p>Nuestro mundo gime por la libertad. Distintos tipos de libertad. La libertad, una palabra tan querida para todos, suena de distinta manera en cada o\u00eddo. Para quienes hemos vivido tanto en el Norte como en el Sur de nuestro mundo, resulta claro que la palabra \u201clibertad\u201d no siempre tiene el mismo significado.<\/p>\n<p>Para unos, la libertad tiene que ver con los derechos del individuo a llevar una vida aut\u00f3noma, con independencia de poderes ajenos que determinen su propia vida. Es la libertad de decidir, de hacer, de planificar por uno mismo, sin que se entrometan los dem\u00e1s. Es la autonom\u00eda biogr\u00e1fica y moral que constituye en cierto modo el legado de la historia de las luchas sociales y pol\u00edticas de Occidente.<\/p>\n<p>Para muchos occidentales, la gran lucha de los grandes reformadores tuvo que ver con esta libertad. Ella fue un paso m\u00e1s hacia la emancipaci\u00f3n del hombre occidental de todas las cadenas del pasado, de la tradici\u00f3n, tal como aparec\u00edan encarnadas en los poderes eclesi\u00e1sticos medievales. Un paso m\u00e1s hacia la salida del hombre de lo que Kant llamaba \u201csu minor\u00eda de edad culpable\u201d. Un paso m\u00e1s hacia la madurez del hombre aut\u00f3nomo e independiente. Por cierto, que no el paso definitivo, pues muchos occidentales, incluyendo al mismo Kant, pensar\u00edan que este paso solamente se dio siglos despu\u00e9s de la Reforma, con la Ilustraci\u00f3n. Y esto significa no s\u00f3lo el abandono de la iglesia medieval, sino tambi\u00e9n el abandono de las religiones positivas hacia la plena autonom\u00eda individual.<\/p>\n<p>En el Sur de nuestro mundo, la libertad tiene otros acentos. La libertad es ante todo \u201cliberaci\u00f3n\u201d. Liberaci\u00f3n no tanto de las tradiciones, sino de los sistemas econ\u00f3micos, sociales y pol\u00edticos que impiden a la mitad de la poblaci\u00f3n de nuestro planeta salir de la pobreza. En estos casos, la libertad que se desea no tiene su \u00e9nfasis en lo individual, sino m\u00e1s bien en lo social. Es la libertad de pueblos enteros para poder llevar una vida m\u00e1s digna y humana. Y es que solamente una vida digna y humana permitir\u00e1 valorar los derechos individuales conquistados por Occidente.<\/p>\n<p>Desde esta perspectiva tanto las libertades conseguidas por las iglesias de la Reforma respecto a la cristiandad medieval como las libertades de la ilustraci\u00f3n son insuficientes si no van acompa\u00f1adas de una libertad mayor. La libertad de salir de deudas externas impagables, que gravan la existencia de cada persona desde su nacimiento hasta la muerte. La libertad de salir de la violencia constante, por cierto siempre posible gracias a armas que no se suelen fabricar precisamente en el Sur. La libertad de no tener que renunciar a todo por la simple necesidad de asegurar la comida de cada d\u00eda.<\/p>\n<p>La palabra de Dios nos habla de la libertad. Y lo hace de una manera que no puede ser considera como una simple respuesta a las expectativas que unos y otros tenemos respecto a la libertad. La palabra de Dios no es algo que podamos domesticar, poni\u00e9ndola al servicio de nuestras necesidades. Cuando esto sucede, somos nosotros, en virtud de nuestros intereses pr\u00e1cticos, los que decidimos qu\u00e9 es lo que nos conviene para obtener la libertad. Y la palabra de Dios solamente viene a confirmar nuestros anhelos, nuestros deseos, nuestras necesidades y nuestros proyectos. En estos casos, la palabra de Dios no es cortante como espada de dos filos, sino algo c\u00f3modo, e irrelevante. Algo que no nos desaf\u00eda, sino que simplemente nos deja como ya est\u00e1bamos.<\/p>\n<p>Sin embargo, hay algo en las palabras del evangelio de Juan que echa por tierra esta actitud. <em>La verdad<\/em> os har\u00e1 libres&#8230; La libertad es el resultado de algo anterior que es la verdad. No podemos ser libres si esta libertad no se funda en la verdad. Y esto es una dif\u00edcil tarea. El ser humano tiene una asombrosa capacidad para enga\u00f1arse a s\u00ed mismo, para ver solamente lo que quiere ver, lo que le conviene ver, lo que necesita ver. Muchos pensadores nos dir\u00edan hoy algo parecido a lo que Pilatos ya dec\u00eda hace mucho tiempo: \u201c\u00bfy qu\u00e9 es la verdad?\u201d No lo dec\u00eda porque no pudiera reconocer la verdad, no lo dec\u00eda porque la verdad fuera inaccesible a \u00e9l, sino simplemente porque no quer\u00eda conocerla.<\/p>\n<p>Buscar la verdad supone una disposici\u00f3n a salir de nuestros propios intereses. A dejarnos sorprender por algo que es distinto, que no proviene de nosotros, sino que viene de fuera y nos llega a nosotros. En la ciencia, en la filosof\u00eda, en la vida cotidiana descubrimos nuevas verdades cuando estamos abiertos a aprender. Cuando no pensamos saberlo ya todo. Cuando no nos limitamos a clasificar las cosas en nuestros esquemas, sino que dejamos que las cosas nos sorprendan, nos admiren, y nos muestren facetas inesperadas.<\/p>\n<p>Justamente eso es lo que pretende la palabra de Dios. El texto de Juan nos lo dice claramente: \u201csi permanec\u00e9is en mis palabras, verdaderamente sois mis disc\u00edpulos, y conocer\u00e9is la verdad, y la verdad os har\u00e1 libres\u201d. La palabra de Dios nos propone una concepci\u00f3n extra\u00f1a de la libertad. No es la libertad de quien busca su propia autonom\u00eda personal, biogr\u00e1fica o moral. Es otro tipo de libertad. Es la libertad del disc\u00edpulo.<\/p>\n<p>No se trata por cierto de una libertad puramente individual. Es una libertad esencialmente relacional. El disc\u00edpulo sale ciertamente de la tiran\u00eda que la familia, la tradici\u00f3n, la religi\u00f3n, o las instituciones sociales le imponen. Pero no sale para llevar una vida individualista, buscando aisladamente el propio inter\u00e9s. El disc\u00edpulo sale de su vida anterior, rompe con las convenciones sociales, para llevar una vida de seguidor de Jes\u00fas. Y esto no lo hace individualmente, lo hace junto con otros disc\u00edpulos. Nunca nos debe dejar de impresionar que las palabras de Jes\u00fas est\u00e9n normalmente en plural: \u201csois mis disc\u00edpulos; conocer\u00e9is la verdad\u201d. Donde otras religiones dir\u00edan sin dudar: \u201cser\u00e1s mi disc\u00edpulos, conocer\u00e1s la verdad\u201d, Jes\u00fas nos habla siempre en plural. Jes\u00fas habla a un grupo de seguidores, a una iglesia. No a un individuo aislado y ego\u00edsta.<\/p>\n<p>Es posible sin duda rechazar esta libertad. Preferir la vida c\u00f3moda de las propias tradiciones, aunque estas tradiciones sean hoy en d\u00eda, no las de la iglesia medieval, sino las del individualismo. El dominio que en el pasado ejerc\u00edan las instituciones religiosas sobre las conciencias, lo ejercen hoy otros poderes. El consumismo, con sus promesas de libertad, mantiene a millones de personas dependientes de m\u00faltiples adiciones. La necesidad de poseer cada vez m\u00e1s, para hacer cosas cada vez mayores y disponer de m\u00e1s tiempo, mantiene a las personas en fren\u00e9ticas carreras por el dinero que solamente culminan con la muerte. El individualismo de la Ilustraci\u00f3n no ha tra\u00eddo solamente bendiciones. En muchos casos, unas dependencias han sido sustituidas por otras.<\/p>\n<p>Y es que el evangelio nos dice algo muy claro. La libertad que promete Jes\u00fas no es la simple libertad de unas cadenas tradicionales. Tampoco es la libertad de unos poderes opresores, sean estos religiosos, econ\u00f3micos o pol\u00edticos. Es la libertad del pecado. El pecado, en singular. El pecado como un poder real en la historia. Si en el interior del ser humano no se rompe el ansia insaciable de autojustificaci\u00f3n, poco se habr\u00e1 logrado. El ser humano est\u00e1 atado por la voluntad de alcanzar la propia justicia, sea en la forma de \u00e9xito, de poder, de reconocimiento, de fama, de seguridad, o en cualquier otra forma. Por eso la salida de unas cadenas es sustituida r\u00e1pidamente por otras cadenas nuevas. Por eso las luchas de liberaci\u00f3n sustituyen con tanta facilidad unos opresores por otros nuevos. Es necesario romper algo profunda, que atenaza a los hombres y a las sociedades, tanto individual como colectivamente. La libertad es libertad del pecado.<\/p>\n<p>Cuando la Reforma elev\u00f3 su voz por la libertad del cristiano, no lo hizo simplemente para marcar un paso en la lucha del ser humano occidental hacia el m\u00e1s pleno individualismo. La Reforma pretendi\u00f3 poner al ser humano ante la libertad verdadera, que es la que se obtiene graciosamente por la fe. La libertad que saca al ser humano de sus ansias de autojustificaci\u00f3n, y lo confrontan con la obra salvadora de Jesucristo. La libertad que rompe con el poder del pecado, porque nos regala una justicia que no viene de nosotros, sino de Dios. Como dice Juan mismo, es el Hijo el que nos hace libres. Es su obra perfecta en la pasi\u00f3n la que nos abre el camino para una existencia en la que no tenemos que autojustificarnos. En la que no tenemos que dedicar nuestra vida al \u00e9xito, al consumo, al trabajo o al resentimiento. Una nueva existencia en la que es posible el perd\u00f3n y la reconciliaci\u00f3n. En la que es posible, junto con otros, ser disc\u00edpulos de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Es interesante observar que, en el texto de Juan, una vez es la verdad la que hace libres (v. 32) y otra vez es el Hijo el que hace libres (v. 36). Porque la verdad plena sobre nosotros mismos y sobre el mundo est\u00e1 en Jes\u00fas. Esto es precisamente lo que Pilato no vio, aunque lo ten\u00eda delante de sus propias narices. La verdad por la que preguntaba era ese jud\u00edo extra\u00f1o que \u00e9l estaba condenando al suplicio capital. Sus propios intereses se lo imped\u00edan ver. Ah\u00ed estaba la libertad que no le iban a dar ni las comodidades de ser un ciudadano acomodado del imperio, ni cualquier otro poder de este mundo.<\/p>\n<p>Y ah\u00ed estaba al mismo tiempo la libertad que iba a poner en jaque al mismo imperio romano. La libertad de personas que, siguiendo a Jes\u00fas, iban a poner en com\u00fan sus bienes, iban a renunciar a la violencia, e iban a iniciar una existencia nueva, en comunidades de seguidores del Mes\u00edas, en la que la liberaci\u00f3n de la opresi\u00f3n comenzaba a ser real en nuestro mundo. Una libertad extra\u00f1a, que no se consigue cuando se obtiene m\u00e1s poder individual o colectivo, sino cuando se renuncia a \u00e9l. Una libertad que no consiste en seguir siendo lo que somos, sino en iniciar algo nuevo y distinto. No la libertad de realizar nuestros propios planes, sino la libertad de hacer propios los planes de Jes\u00fas. Una libertad que Jes\u00fas, por su palabra, nos sigue ofreciendo hoy.<\/p>\n<p class=\"Stil5\">Antonio Gonz\u00e1les, Madrid<\/p>\n<p align=\"left\">\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cLa verdad os har\u00e1 libres&#8230;\u201d Pocos textos del evangelio de Juan han sido tantas veces citados y repetidos. Incluso en ambientes externos a la fe aparece ocasionalmente el lema: \u201cla verdad os har\u00e1 libres\u201d. Nuestro mundo gime por la libertad. Distintos tipos de libertad. 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