{"id":10411,"date":"2005-03-07T19:49:15","date_gmt":"2005-03-07T18:49:15","guid":{"rendered":"https:\/\/theologie.whp.uzh.ch\/apps\/gpi\/?p=10411"},"modified":"2025-05-15T10:45:35","modified_gmt":"2025-05-15T08:45:35","slug":"mateo-21-1-11-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.theologie.uzh.ch\/apps\/gpi\/mateo-21-1-11-2\/","title":{"rendered":"Mateo 21:1\u201311"},"content":{"rendered":"<div align=\"left\">\n<h3 style=\"text-align: left;\" align=\"center\">El Domingo de Ramos | 20.3.2005 | Mt 21:1\u201311 | Pedro Zamora |<\/h3>\n<p align=\"center\"><strong>Gente del camino, gente de la ciudad <\/strong><\/p>\n<p>Como el texto del Domingo de Ramos tiene una larga historia de interpretaci\u00f3n, no voy a referirme a aspectos que todos conocemos. Por el contrario, quisiera que nos fij\u00e1ramos en un aspecto muy concreto, a saber: el contraste que se establece de las gentes de aldea (v.2) y del camino que conduce a Jerusal\u00e9n (v.9) con la gente de la ciudad (vv.10-11).<\/p>\n<p>La gente del campo desborda en alegr\u00eda y su proclamaci\u00f3n es n\u00edtida: \u201c\u00a1Hosanna al Hijo de David! \u00a1Bendito el que viene en el nombre del Se\u00f1or! \u00a1Hosanna en las alturas!\u201d. Pero esta proclamaci\u00f3n iba precedida de unos gestos verdaderamente elocuentes en cuanto a la autenticidad de la proclamaci\u00f3n: \u201cY la multitud [&#8230;] tend\u00eda sus mantos en el camino, y otros cortaban ramas de los \u00e1rboles y las tend\u00edan en el camino\u201d. Gestos y palabras hablan de una plena disposici\u00f3n a seguir a quien consideran maestro.<\/p>\n<p>Por el contrario, cuando entra en la ciudad hay una conmoci\u00f3n, s\u00ed, pero no en el sentido festivo que acabamos de ver, sino en sentido m\u00e1s inquisitivo (\u00bfm\u00e1s racional?): \u201c\u00bfQui\u00e9n es \u00e9ste? Y la gente dec\u00eda: este es Jes\u00fas el profeta, de Nazaret de Galilea\u201d. Por m\u00e1s que esta respuesta nos parezca positiva (lo cual es harto discutible), no deja de ser muy fr\u00eda, muy \u201cdescriptiva\u201d, ya que nos da el nombre propio, la profesi\u00f3n (\u201cprofeta\u201d), y finalmente el lugar de procedencia (\u201cde Nazaret de Galilea\u201d). En otras palabras, es una acogida distante. Sin duda, es acogida, pero no con la misma disposici\u00f3n a tender mantos y ramas a sus pies.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong> Gente con un camino, gente sin un camino <\/strong><\/p>\n<p>Yo creo que la diferencia entre estos dos grupos es que unos tienen un camino que andar, es decir, deben seguir una direcci\u00f3n, y por ello se hallan predispuestos al seguimiento, mientras que otros no tienen que ir a ninguna parte porque est\u00e1n bien donde est\u00e1n, lo cual les hace ver a los \u201ccaminantes\u201d con cierto grado de inquietud o sospecha. Muchos de mis amigos que han hecho el famoso \u201cCamino de Santiago\u201d comentan la hermosa experiencia de caminar con otros que nunca antes has conocido, a los que puedes abrirte porque no hay ninguna otra distracci\u00f3n en el camino. En el camino, s\u00f3lo est\u00e1n quienes recorren el mismo camino. Y obviamente, me refiero a un camino largo, no a un breve tr\u00e1nsito; un camino cuyo punto de partida y de destino se distancian enormemente entre s\u00ed.<\/p>\n<p>En la ciudad, no hay caminos: hay puntos de tr\u00e1nsito. Los puntos de partida y de destino est\u00e1n demasiado cerca entre s\u00ed, de modo que el transe\u00fante jam\u00e1s experimenta la necesidad de abrirse a otros transe\u00fantes. Adem\u00e1s, la ciudad, la gran ciudad, es punto de destino de muchos caminos. En ella hay una gran diversidad: cada uno ha entrado por un lugar distinto. \u00a1As\u00ed es la vida! En la ciudad es muy f\u00e1cil decir aquello de \u201ccada loco con su tema\u201d y por tanto en la gran ciudad uno se pregunta: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 raz\u00f3n tendr\u00eda yo que escuchar a cada loco que llega por aqu\u00ed?\u201d.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong> Gente con una proclamaci\u00f3n, gente con informaci\u00f3n <\/strong><\/p>\n<p>Hay que imaginar que tanto los unos como los otros eran jud\u00edos, o sea, miembros del pueblo elegido, el pueblo que se define a s\u00ed mismo como creyente. Pero unos se dispon\u00edan m\u00e1s f\u00e1cilmente para la proclamaci\u00f3n y el seguimiento que los otros, m\u00e1s predispuestos a tratar con informaci\u00f3n. Los unos proclamaban al mundo un mes\u00edas, mientras que los otros \u2013m\u00e1s cautos y m\u00e1s sofisticados\u2013 se limitaban a transmitir una informaci\u00f3n. Y si se me apura, pod\u00edan llegar a ser muy cr\u00edticos en el tratamiento de su informaci\u00f3n. Son dos formas distintas de pertenecer al pueblo de Dios.<\/p>\n<p>Pero quiz\u00e1s nuestro problema actual es que no haya equilibrio entre ambas formas de pertenencia. Quiz\u00e1s hoy predomina la \u201cgran ciudad\u201d, ese entorno cr\u00edtico que nos exige distancia, cautela, manejo de informaci\u00f3n. En efecto, el mundo moderno nos ha acercado tanto los puntos de partida y destino, que ya no existen realmente los caminos. Las autopistas, los ferrocarriles de alta velocidad, las l\u00edneas a\u00e9reas, etc., todo se ha conjurado para eliminar de nuestra existencia la experiencia de la transitoriedad prolongada. Nuestro mundo occidental es ya una gran ciudad, la famosa \u201caldea global\u201d en la que muy pocos pueden de verdad pasar una buena parte de su vida \u201cen camino\u201d. O sea, muy pocos pueden experimentar la grandeza de la apertura a la sorpresa, a lo desconocido, sea bueno o malo. Son pocos quienes emprenden un viaje para encontrarse con la experiencia m\u00e1s fundamental de su vida, con quien va a ser su Se\u00f1or para siempre.<\/p>\n<p>Hace unos meses vi la pel\u00edcula <em>Diarios de una motocicleta<\/em>, basada en el viaje que Ernesto Guevara (\u201cCh\u00e9\u201d Guevara) y Alberto Granado emprendieran all\u00e1 por los a\u00f1os 50 para recorrer toda Am\u00e9rica Latina. Este viaje cambi\u00f3 sus vidas y determin\u00f3 el resto de ellas. Encontraron aquello que marcar\u00eda el resto de su vida. As\u00ed son los verdaderos viajes cuyos puntos de partida y de arribada distan entre s\u00ed lo suficiente para exponer a la precariedad a los viajeros. Es en ellos donde se descubre algo (o alguien a quien) proclamar y seguir.<\/p>\n<p>Por este motivo, creo que el relato del \u201cDomingo de ramos\u201d es una apelaci\u00f3n a replantearnos nuestra forma de pertenecer al pueblo de Dios. Es un llamamiento a equilibrar m\u00e1s nuestra experiencia de fe, excesivamente decantada del lado de la informaci\u00f3n, del an\u00e1lisis cr\u00edtico. El relato nos llama a prepararnos para un viaje de verdad, dejando atr\u00e1s Jerusal\u00e9n para encontrarnos con el Se\u00f1or. Cierto, siempre ser\u00e1 bueno que Jerusal\u00e9n est\u00e9 ah\u00ed, haciendo su cr\u00edtica y ofreciendo su an\u00e1lisis objetivo. Pero \u00a1no podemos dejar que sea la \u00fanica realidad de fe! \u00a1No puede ser la \u00fanica forma de ser pueblo de Dios! Tanto la iglesia como la sociedad necesitan de personas que hayan emprendido un largo viaje y hayan encontrado en \u00e9l una esencia. Y por supuesto, el cristiano tiene que estar dispuesto a emprender un largo camino para descubrir no al se\u00f1or de sus ideas, sino al Se\u00f1or de su vida, al Se\u00f1or de la Vida.<\/p>\n<p>Quiera Dios darnos la valent\u00eda de atrevernos a salir al camino y recorrerlo hasta encontrar a Aqu\u00e9l que vale la pena proclamar y seguir.<\/p>\n<hr \/>\n<p><strong>Pedro Zamora, El Escorial<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"mailto:pedro.zamora@centroseut.org\">pedro.zamora@centroseut.org<\/a><\/strong><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Domingo de Ramos | 20.3.2005 | Mt 21:1\u201311 | Pedro Zamora | Gente del camino, gente de la ciudad Como el texto del Domingo de Ramos tiene una larga historia de interpretaci\u00f3n, no voy a referirme a aspectos que todos conocemos. 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