{"id":2311,"date":"2020-03-28T08:36:03","date_gmt":"2020-03-28T07:36:03","guid":{"rendered":"https:\/\/www.theologie.uzh.ch\/static\/wp\/?p=2311"},"modified":"2020-03-28T08:36:03","modified_gmt":"2020-03-28T07:36:03","slug":"la-fe-en-un-dios-que","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.theologie.uzh.ch\/apps\/gpi\/la-fe-en-un-dios-que\/","title":{"rendered":"La fe en un Dios que&#8230;"},"content":{"rendered":"<h3><strong>La fe en un Dios que transforma las circunstancias |\u00a0<b><span lang=\"ES-AR\">Ezequiel 37, 1-14 |\u00a0<\/span><\/b>Pr. em. Federico Sch\u00e4fer |<\/strong><\/h3>\n<p>Estimadas hermanas, estimados hermanos:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando leemos el diario o un semanario, cuando vemos informativos por televisi\u00f3n sobre lo que acontece en nuestro pa\u00eds y en el resto del mundo; cuando vemos y o\u00edmos lo que ocurre en nuestras familias, en las familias de nuestros vecinos y amigos, en los lugares de trabajo, en el entorno de nuestro barrio, en nuestra ciudad, nos sobreviene la depresi\u00f3n y a algunos les llega la desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una y otra vez nos enteramos de situaciones de injusticia, o\u00edmos constantemente acerca del destape de actos de corrupci\u00f3n: Enormes sumas de dinero provenientes de las contribuciones impositivas del pueblo y que deber\u00edan ser aplicadas a servicios para el bien del pueblo, van a parar a oscuros destinos de empresas y personas privadas, de campa\u00f1as pol\u00edticas partidarias, etc. O\u00edmos de la desocupaci\u00f3n de cada vez m\u00e1s personas y en muchos casos sufrimos este flagelo en carne propia. Cuanta gente agredida sin adecuada defensa. Cu\u00e1nta gente enferma sin adecuada atenci\u00f3n m\u00e9dica. Cu\u00e1ntos ni\u00f1os mendigando por pan en las calles\u2026.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ante esta realidad nos sentimos abrumados e indignados, a veces con ganas de trompear a alguien o de gritar desaforadamente para descargar esa bronca que venimos acumulando al ir tomando conciencia, que casi no podemos hacer nada para transformar esta realidad. Efectivamente, la impotencia es paralizante: No sabemos hacia a donde orientarnos, que decisiones tomar. Este malestar espiritual finalmente se traduce en un malestar f\u00edsico y de pronto nos sentimos realmente como paralizados. Es como que nuestras coyunturas no tuvieran adecuada lubricaci\u00f3n, s\u00ed, como que los huesos estuvieran secos, como que a nuestro cuerpo le faltaran fuerzas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En una palabra: Nos sentimos m\u00e1s o menos como se sent\u00edan los israelitas a los que el profeta Ezequiel deb\u00eda hablar. Esos israelitas andaban quej\u00e1ndose: \u201cNuestros huesos est\u00e1n secos; no tenemos ninguna esperanza, estamos perdidos&#8230;\u201d\u00a0 Los israelitas de los tiempos del profeta Ezequiel hab\u00edan perdido una guerra contra el ej\u00e9rcito babil\u00f3nico y buena parte de ellos, justamente los m\u00e1s prominentes de la sociedad, hab\u00edan sido deportados a Babilonia (lo que hoy es Irak), teniendo que vivir all\u00ed bajo circunstancias desagradables. Los soldados babilonios y sus oficiales no se caracterizaban precisamente por ser suaves y bondadosos para con sus prisioneros. Por otro lado, los israelitas que hab\u00edan podido quedarse en Jerusal\u00e9n y sus inmediaciones, tampoco la estaban pasando bien. Deb\u00edan rebuscarse la vida en una ciudad hecha escombros y en campos arrasados por la guerra y bajo la ocupaci\u00f3n del temido ej\u00e9rcito babil\u00f3nico. Hab\u00eda hambre, enfermedades y todos los sufrimientos que acarrea una guerra: familias disgregadas, personas baldadas, ni\u00f1os hu\u00e9rfanos, relaciones destruidas, etc. Es perfectamente comprensible, entonces, que esta gente tuviera fuertes sentimientos de impotencia ante las adversidades que estaban sufriendo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A esto se sum\u00f3 tambi\u00e9n una suerte de mala conciencia colectiva. El Se\u00f1or a trav\u00e9s de sus profetas &#8212;entre ellos Ezequiel, pero tambi\u00e9n Isa\u00edas, Jerem\u00edas y otros&#8212; hab\u00eda advertido al pueblo, y especialmente a sus dirigentes, sobre los hechos que acontecer\u00edan. El asedio del ej\u00e9rcito babil\u00f3nico era interpretado &#8212;y quiz\u00e1s con raz\u00f3n&#8212; como un castigo de Dios por la mala conducta del pueblo, especialmente de sus clases dirigentes.<\/p>\n<p>Injusticia, corrupci\u00f3n econ\u00f3mica y opresi\u00f3n de la clase campesina en aras de la concentraci\u00f3n de la riqueza eran los pecados en que hab\u00edan incurrido las clases dirigentes. El error m\u00e1s grave y que arrastr\u00f3 a todo el pueblo a la cat\u00e1strofe de la guerra, sin embargo, fue la ingenua, pero obstinada soberbia de creer que el ej\u00e9rcito egipcio les ir\u00eda a cubrir las espaldas, por lo cual se aventuraron a dejar de pagar los correspondientes tributos al estado babil\u00f3nico. Al respecto dice el profeta Ezequiel en otro cap\u00edtulo de su libro, que fue la codicia del oro y la idolatr\u00eda la causante de todos los males. Afianzados en su \u00e9xito material las clases dirigentes pon\u00edan su fe y confianza en los dioses de sus pueblos vecinos, desobedeciendo los mandamientos del Dios verdadero.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hermanas y hermanos, es de no creer que a pesar de separarnos m\u00e1s de 2.500 a\u00f1os de los hechos relatados en el libro del profeta Ezequiel, nosotros hoy nos podamos encontrar e identificar perfectamente con estos relatos, como si Ezequiel nos estuviera hablando en nombre de Dios hoy mismo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No acabamos de salir de una guerra, pero el deterioro de las estructuras sociales de nuestro pa\u00eds, la desocupaci\u00f3n, la falta de contenci\u00f3n de una porci\u00f3n importante de nuestros conciudadanos que no consiguen satisfacer sus necesidades m\u00e1s elementales, hacen que uno tenga la sensaci\u00f3n como que estuvi\u00e9ramos saliendo de una guerra. Y todo lo que est\u00e1 aconteciendo tampoco es desgracia pura o maldici\u00f3n de Dios. Es lamentablemente tambi\u00e9n consecuencia del mal obrar humano, de la codicia desenfrenada de muchos, que han hecho que nuestro pa\u00eds quede endeudado como est\u00e1, que los impuestos no vuelvan al pueblo y que la riqueza del pa\u00eds sea cada vez peor distribuida, al punto que haya gente que sufra a causa de la malnutrici\u00f3n o por no poder solventar los medicamentos m\u00e1s indispensables.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Reitero: Ante estas circunstancias tambi\u00e9n nosotros estamos paralizados y nos preguntamos c\u00f3mo va a terminar todo esto. Muchos de entre nosotros estar\u00e1n diciendo para sus adentros como los antiguos israelitas: \u201cNuestros huesos est\u00e1n secos, no tenemos ya ninguna esperanza, estamos perdidos\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pero lo m\u00e1s ins\u00f3lito no es la similitud de nuestra situaci\u00f3n con la de los antiguos israelitas. Lo ins\u00f3lito es que sin ning\u00fan m\u00e9rito de nuestra parte, el Se\u00f1or nos permite reconstruir nuestra esperanza, reconstituir nuestro \u00e1nimo, nuestro esp\u00edritu de vida. Dios quiere revitalizar nuestros m\u00fasculos y agilizar nuestras coyunturas. La visi\u00f3n que Dios brinda al profeta Ezequiel, mostr\u00e1ndole un campo con huesos secos que vuelven a cobrar vida transform\u00e1ndose en un ej\u00e9rcito, es como una par\u00e1bola. Y esta par\u00e1bola debe dejarnos claro, que Dios puede transformar las circunstancias, puede convertir la muerte en vida, convertir nuestra par\u00e1lisis, des\u00e1nimo y desesperanza en nueva actividad, en \u00e1nimo renovado y nueva esperanza, a pesar de la impotencia que sufrimos ante las adversidades. Esta par\u00e1bola de los huesos secos que son revividos nos debe convencer, que no est\u00e1 todo perdido, que vale la pena continuar luchando contra las adversidades, aun cuando parezca una lucha sin sentido. Es una lucha en la que tenemos al Se\u00f1or a nuestro favor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con todo, existiendo una crisis como la que describimos al principio de nuestra reflexi\u00f3n y convencidos de que para salir de ella es necesario encarar una lucha, una lucha para la cual contamos con el apoyo del Esp\u00edritu del Se\u00f1or, tambi\u00e9n es necesario detectar los errores en los cuales hemos incurrido y que llevaron a esta crisis. Ya dijimos, que esta crisis no es una maldici\u00f3n de Dios, sino tiene profundas ra\u00edces humanas. Si no se reconocen los errores y desaciertos cometidos y se toman las medidas indicadas para corregirlos, no se podr\u00e1 emprender la lucha de la cual hablamos y para la cual el Se\u00f1or nos quiere dar nuevas fuerzas. De las crisis surgen nuevas oportunidades, pero no sin antes evaluar las circunstancias<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No por nada la Conferencia Ecum\u00e9nica que organiz\u00f3 los textos b\u00edblicos para el Leccionario Ecum\u00e9nico por el que nos guiamos, coloc\u00f3 este p\u00e1rrafo del profeta Ezequiel en este domingo de Cuaresma que llamamos \u201cJudica\u201d. Lo llamamos as\u00ed en virtud de que la antigua iglesia oraba a Dios en este domingo mediante el salmo 43, en cuyos primeros vers\u00edculos se solicita a Dios que nos haga justicia y que nos defienda, pero juzgando tambi\u00e9n nuestra propia conducta, es decir, que se haga la justicia de Dios.<\/p>\n<p>Entonces: aprovechemos esta estaci\u00f3n de cuaresma para reconocer nuestras fallas y desaciertos y dej\u00e9monos guiar por el Esp\u00edritu de Dios para no recaer nuevamente en los mismos errores.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es nuestra suerte, que el Dios del universo, el Se\u00f1or que est\u00e1 por encima de la vida y de la muerte no se fija en nuestros yerros, no se fija en nuestros merecimientos, sino que de pura gracia nos quiere y sigue queriendo y por ello nos env\u00eda y contin\u00faa enviando siempre de nuevo su Esp\u00edritu para reconfortarnos, guiarnos y defendernos en la lucha, en la lucha que ser\u00e1 siempre por la justicia. Si el Se\u00f1or no querr\u00eda ayudarnos siempre de nuevo, ya lo hubiera dejado de hacer hace mucho tiempo y la raza humana probablemente hubiera desaparecido. Pero Dios \u201cno nos deja en la lona\u201d, no nos abandona, quiere que podamos vivir en plenitud. Por eso siempre de nuevo ha enviado<\/p>\n<p>su Esp\u00edritu de vida para mantener a su pueblo con vida a\u00fan en las peores adversidades permitiendo superar todas las dificultades que se opon\u00edan a la proclamaci\u00f3n de su Evangelio. As\u00ed, no es casual que la iglesia cristiana haya sobrevivido hasta el d\u00eda de hoy entrando ya en su tercer milenio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El que nos infunde la vida al nacer; el que nos hace nacer de nuevo en cada nueva oportunidad de vida; ese Dios que nos resucita a la vida eterna, no quiere que bajemos los brazos y desesperemos por las adversidades que nos toca vivir. Por el contrario, \u00e9l desea que crezcamos y avancemos en el camino hacia \u00e9l. As\u00ed es que continuar\u00e1 asisti\u00e9ndonos con su Esp\u00edritu de manera que podamos seguir luchando por la vida y por la justicia y cumplir sin temores, angustias, depresiones nuestra misi\u00f3n a favor del establecimiento de su Reino.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por otro lado tengamos en cuenta: El Reino de Dios lo establece Dios. Nosotros no podemos cambiar el mundo aunque nos desesperemos por ello. Pero con la defensa, el apoyo y la ayuda de Dios podemos hacer muchas cosas peque\u00f1as, sentar se\u00f1ales de justicia, de anticorrupci\u00f3n, de honestidad, de solidaridad, de inclusi\u00f3n, de esperanza y de amor, que s\u00ed pueden promover una salida paulatina de la situaci\u00f3n desavenida e infeliz en la que nos hallamos, tanto para gloria de Dios como para beneficio nuestro y de nuestros semejantes. Am\u00e9n<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Pr. em. Federico Sch\u00e4fer<\/strong><\/p>\n<p><strong>Buenos Aires (Argentina)<\/strong><\/p>\n<p><strong>federicohugo1943@hotmail.com<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La fe en un Dios que transforma las circunstancias |\u00a0Ezequiel 37, 1-14 |\u00a0Pr. em. Federico Sch\u00e4fer | Estimadas hermanas, estimados hermanos: &nbsp; Cuando leemos el diario o un semanario, cuando vemos informativos por televisi\u00f3n sobre lo que acontece en nuestro pa\u00eds y en el resto del mundo; cuando vemos y o\u00edmos lo que ocurre en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1390,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[25,2,157,108,113,216,263,109],"tags":[],"beitragende":[],"predigtform":[],"predigtreihe":[],"bibelstelle":[],"class_list":["post-2311","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ezechiel","category-at","category-beitragende","category-current","category-espa","category-federico-h-schaefer","category-kapitel-37-chapter-37","category-predigten"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.theologie.uzh.ch\/apps\/gpi\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2311","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.theologie.uzh.ch\/apps\/gpi\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.theologie.uzh.ch\/apps\/gpi\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.theologie.uzh.ch\/apps\/gpi\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.theologie.uzh.ch\/apps\/gpi\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2311"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.theologie.uzh.ch\/apps\/gpi\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2311\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2312,"href":"https:\/\/www.theologie.uzh.ch\/apps\/gpi\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2311\/revisions\/2312"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.theologie.uzh.ch\/apps\/gpi\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1390"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.theologie.uzh.ch\/apps\/gpi\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2311"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.theologie.uzh.ch\/apps\/gpi\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2311"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.theologie.uzh.ch\/apps\/gpi\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2311"},{"taxonomy":"beitragende","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.theologie.uzh.ch\/apps\/gpi\/wp-json\/wp\/v2\/beitragende?post=2311"},{"taxonomy":"predigtform","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.theologie.uzh.ch\/apps\/gpi\/wp-json\/wp\/v2\/predigtform?post=2311"},{"taxonomy":"predigtreihe","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.theologie.uzh.ch\/apps\/gpi\/wp-json\/wp\/v2\/predigtreihe?post=2311"},{"taxonomy":"bibelstelle","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.theologie.uzh.ch\/apps\/gpi\/wp-json\/wp\/v2\/bibelstelle?post=2311"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}