{"id":3841,"date":"2020-12-10T18:16:26","date_gmt":"2020-12-10T17:16:26","guid":{"rendered":"https:\/\/www.theologie.uzh.ch\/static\/wp\/?p=3841"},"modified":"2020-12-10T18:25:10","modified_gmt":"2020-12-10T17:25:10","slug":"3-domingo-de-adviento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.theologie.uzh.ch\/apps\/gpi\/3-domingo-de-adviento\/","title":{"rendered":"3\u00b0 domingo de Adviento"},"content":{"rendered":"<p><strong>&nbsp;Lucas 1, 46 \u2013 56 | Federico Sch\u00e4fer |&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p>Estimadas hermanas, estimados hermanos:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Seguramente no digo nada nuevo, si menciono que a\u00f1o tras a\u00f1o la celebraci\u00f3n de la ya pr\u00f3xima fiesta de Navidad nos deja con una cierta insatisfacci\u00f3n. Insatisfacci\u00f3n que proviene probablemente de un sentimiento de culpa a causa de no celebrar la Navidad como nosotros, los que pretendemos ser cristianos, pensamos que debiera ser la correcta, y que por ello no obtenemos las bendiciones que esperamos. Nos vemos absorbidos por el ajetreo diario y arrollados por la vor\u00e1gine mercantilista, que especialmente en estas semanas se cierne sobre nosotros y no nos deja tiempo y tranquilidad para la reflexi\u00f3n. De pronto nos encontramos frente a la celebraci\u00f3n y debemos reconocer que nuevamente no hemos aprovechado el tiempo precedente, tiempo que nosotros, cristianos, hemos apartado especialmente en el calendario justamente para la preparaci\u00f3n. Me refiero expl\u00edcitamente a la estaci\u00f3n de Adviento que en estos momentos estamos transitando. No hay una receta magistral que nos indique c\u00f3mo ir al encuentro de esta carrera diaria y obtener un espacio para el recogimiento, la oraci\u00f3n, la reflexi\u00f3n, la contemplaci\u00f3n. En todo caso, nuestra fe nos deber\u00eda impulsar hacia una cierta disciplina. (La eventual continuaci\u00f3n de la cuarentena a la que nos obliga la pandemia del coronavirus, tal vez nos ayude en este a\u00f1o a dedicar alg\u00fan tiempo a la preparaci\u00f3n para la venida del Se\u00f1or).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Estamos convencidos que Dios vino al mundo y se hizo ser humano de carne y hueso en la persona de Jes\u00fas de Nazaret; y que l\u00f3gicamente un d\u00eda hubo de nacer como ni\u00f1o de una mujer. Pero tambi\u00e9n sabemos que ese hombre de origen divino fue muerto en una cruz y que, a pesar de su maravillosa resurrecci\u00f3n, no podr\u00eda estar eternamente entre todos nosotros en ese cuerpo de carne y hueso. Con todo es necesario remarcar que ese Se\u00f1or y Dios no est\u00e1 desaparecido, no est\u00e1 muerto. Fue ascendido al \u00e1mbito de Dios y a partir de ah\u00ed est\u00e1 siempre entre nosotros por medio de su Esp\u00edritu, que siempre de nuevo est\u00e1 dispuesto a venir a nosotros y acompa\u00f1arnos en todo lugar. Y ese mism\u00edsimo Se\u00f1or y Dios vendr\u00e1 una vez m\u00e1s a este mundo para dar una terminaci\u00f3n a su proyecto, a su obra.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pero as\u00ed como se nos hace dif\u00edcil datar con exactitud la verdadera fecha de nacimiento del Se\u00f1or; como se nos hace dif\u00edcil apartar un tiempo para la preparaci\u00f3n y la recepci\u00f3n del Se\u00f1or en nosotros, se har\u00e1 igualmente dif\u00edcil obligar a Dios a manifestarse cu\u00e1ndo y c\u00f3mo los humanos lo deseamos o imaginamos. Quiz\u00e1s sea una ayuda para nosotros, si comprendi\u00e9ramos, que la venida de Dios a nuestros corazones y mentes es un regalo. Un regalo esperado, por cierto, pero cuya llegada o cumplimiento no podemos forzar.<\/p>\n<p>Se trata de un regalo sorpresivo, s\u00ed, una sorpresa, un regalo inmerecido, completamente independiente de nuestras expectativas y especulaciones. Y es as\u00ed como ese regalo divino genera verdadera alegr\u00eda en las personas y comunidades que lo reciben con coraz\u00f3n y mente abierta, dispuesta, incondicionada, desprejuiciada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es precisamente as\u00ed como lo recibi\u00f3 Mar\u00eda y es precisamente por ello, que rebosando de alegr\u00eda, puede alabar a Dios con m\u00e1xima gratitud y satisfacci\u00f3n a trav\u00e9s de las palabras que hemos o\u00eddo hace unos momentos. Pero esa alegr\u00eda no la podemos producir artificialmente con pomposos regalos de circunstancia, cenas fastuosas, luces intermitentes y toda esa c\u00e1scara que ofrece la calle.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No obstante lo dicho sobre el car\u00e1cter sorpresivo e inesperado de la venida del Se\u00f1or a nosotros, no significa que no debamos prepararnos para recibirlo. En ese sentido el calendario eclesi\u00e1stico nos hace recordar en su reiteraci\u00f3n anual, que no debemos olvidar este aspecto. Pero en realidad, toda nuestra vida debiera ser una preparaci\u00f3n para recibir al Se\u00f1or. Aunque nos consideremos creyentes, nunca terminaremos de haberlo recibido plenamente. No hay lugar, pues, para frustraciones navide\u00f1as. No somos perfectos \u2013 eso lo sabemos. Por ello nos confesamos pecadores. Si la paz familiar no alcanza el nivel esperado u otras adversidades nos acosan en estos d\u00edas, acord\u00e9monos de ello. Importante no es lo que nosotros aportamos a la fiesta de Navidad, sino lo que Dios aporta, lo que \u00e9l nos brinda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Eso es lo que nos quiere transmitir la actitud de Mar\u00eda. De su canto de alabanza justamente surge, qu\u00e9 es lo que Dios aporta, cu\u00e1l es su regalo, cu\u00e1les son sus maravillosas obras. \u00c9l ha elegido una mujer sencilla, una mujer del pueblo para encarnarse. Con ello deshizo los planes de los orgullosos, de aquellos que ya ten\u00edan mentalizado todo un esquema sobre c\u00f3mo y d\u00f3nde deb\u00eda llegar a cumplirse la promesa de la venida del mes\u00edas, de aquellos que ya ten\u00edan la \u201cverdad comprada\u201d en materia religiosa. Tales hubo en el Israel de aquellos d\u00edas y hasta hoy en todo el mundo; y son frustrados porque no se cumple lo que hab\u00edan esperado. As\u00ed el Se\u00f1or tambi\u00e9n desautoriz\u00f3 la autoridad presuntamente absoluta y \u00faltima de los gobernantes, de esos que creen ser propietarios de la vida y de la muerte de sus s\u00fabditos. Conocemos ejemplos suficientes de ellos a lo largo de la historia de nuestro mundo hasta nuestros d\u00edas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As\u00ed es como el Se\u00f1or reivindic\u00f3 a los humildes, a los pobres, a los oprimidos, a aquellos que por ser \u201csimple\u201d masa popular no cuentan para aquellos que se creen poderosos. Por ello para Mar\u00eda tambi\u00e9n es importante que Dios no ha olvidado de ayudar a su pueblo y ser misericordioso con \u00e9l. Y esa misericordia es, por cierto, el mayor regalo de Dios. Tomando conocimiento de los diab\u00f3licos manejos en todas las esferas de la vida en este mundo, no me resta otra cosa que maravillarme de la paciencia que Dios demuestra hacia nosotros. Y aqu\u00ed retomo lo que mencion\u00e9 antes acerca de nuestra condici\u00f3n pecaminosa, nuestra falta de perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lo que m\u00e1s me impacta de nuestro Se\u00f1or es justamente su infinita capacidad de perdonar y tener paciencia. En fin: es su infinita capacidad de amar a sus criaturas. Y ello es lo que lo impulsa a solidarizarse con nosotros, a volverse siempre de nuevo hacia nosotros. Su encarnaci\u00f3n a trav\u00e9s de una mujer, una mujer como cualquiera de nuestras hermanas, es precisamente la demostraci\u00f3n de ello.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En \u00faltima instancia no hay raz\u00f3n para desesperar: ni porque presumamos que el mundo est\u00e1 en manos de los que pueden desencadenar el \u201cholocausto at\u00f3mico\u201d, ni porque nos sintamos arrollados por el ajetreo diario. Ni el miedo a un rebrote de la pandemia del coronavirus, ni la miserable situaci\u00f3n econ\u00f3mica de nuestro pa\u00eds, ni el terrorismo del bando que fuere, debieran impedirnos poder alabar a Dios y sentirnos a buen resguardo en sus manos. \u00c9l es capaz de hacer maravillas en este mundo, tal como lo hizo con Mar\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, a\u00fan en el ajetreo diario, vivamos este tiempo de Adviento con la esperanza y confianza de que el Se\u00f1or siempre est\u00e1 dispuesto a venir a nosotros y obrar en nosotros. La vida en esa esperanza, confianza y alabanza es la correcta preparaci\u00f3n que har\u00e1 de ella un constante Adviento hasta que \u00e9l Se\u00f1or vuelva en plenitud y complete <em>su<\/em> proyecto de vida. Am\u00e9n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Pr. em. Federico Sch\u00e4fer<\/strong><\/p>\n<p><strong>Buenos Aires, Argentina<\/strong><\/p>\n<p><strong>federicohugo1943@hotmail.com<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;Lucas 1, 46 \u2013 56 | Federico Sch\u00e4fer |&nbsp; &nbsp; Estimadas hermanas, estimados hermanos: &nbsp; Seguramente no digo nada nuevo, si menciono que a\u00f1o tras a\u00f1o la celebraci\u00f3n de la ya pr\u00f3xima fiesta de Navidad nos deja con una cierta insatisfacci\u00f3n. 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